Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2008.
EL BAILARIN.

Sus propias piernas se le clavan
en el corazón al bailarín.
Así es que, cuando da el último salto,
la cabriola que enloquece a la multitud,
va cayendo muerto en el aire.
Es como un resorte suicida.
El público estalla en aplausos.
Hay sangre y lágrimas por todas partes.
Sangre en los telones.
Lágrimas en los pasillos.
Luto en las crónicas y en los anteojos
de los críticos de arte.
Pero la función continúa cada noche, inevitable.
Los muertos reviven para volver a morir en la escena final,
en los pasillos, en las crónicas, bajo los telones.
( Sería terrible que Pierrot olvidara a Colombina ).
La tierra es una roca incendiada,
una manzana enamorada que vaga por el cosmos.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Resrevados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
CAMPO VIRTUAL.

Necesito enviar urgente
una sonda exploratoria al fondo de mi alma,
mientras los otros hombres juegan a las adivinanzas
con los demás planetas.
Pero ¿qué es el alma? lama-mala-alam-maal.
¿Le duele cuando ahora son las consonantes
las que muerden las dos vocales? ¿Dónde queda?
¿En qué gabinete? ¿Dos peldaños aun más arriba
de todo lo que pueda imaginar?
¿Metal, algodón, fibra, plástico servil
enemigo de la ciencia? ¿Lengua pura de fuego celestial?
¡Oh por qué no nos enseñan estas cosas en la escuela
en vez del número divisor, en vez del eco de la misma voz...
que es como una hez de pájaro, amarilla y marchita!
Se me ocurre que el alma no es riñón,
ni corazón, ni pluma, ni cerebro lúcido;
que no es simple pulmón izquierdo.
Que el sentimiento es sólo su antesala.
El alma es un código de barras.
Un campo virtual, como un correo electrónico.
Mi alma debe estar llena de los deshechos de llamadas interrumpidas
a ti, a Dios.
La misma sentina de siempre, por no decir tonada,
cascabel lúgubre de mi infancia,
vómito actual de cantina.
Y anda buscando un escenario para su do de sangre clásica.
Un dado dentro de un círculo, que aprieta,,,que ahoga.
Los cuatro costados son tu rostro. Y eso es todo lo que sé de mi sospecha.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
SE HIZO VIUDA LA NOCHE AFUERA.

Se hizo viuda la noche afuera
cuando en mi sueño
de otras orillas más negras
murió dentro de mi anciana boca un caramelo
Reuniéronse los ancianos de la aldea
pero nadie sabía decir los responsos
en concordancia con las leyes
a la muerte de lo tierno y tan dulce
Dejemos aquí un espacio dijo el sol de mayo
que no alcanzaba a cubrir toda la vecindad
y quedaban algunos gallos temblando de frío
de absurda vanidad de plumas
Lo que desmiente digo ya despierto
que no haya nada nuevo
Encabritadero de cintas y sin una brizna de viento
para inaugurar las arrugas de mi alma
Ni en qué gastar los dientes de mi boca
fijada la fianza y el plazo que han dispuesto
para una larga investigación de astros
tendrás que cenar por mí y beber del agua
de mi montaña imaginaria
hasta dudo que podrás con tal carga
y más encima y como si poco fuera
visitarme en los fierros varados del domingo
Mi único miedo es dejarte a solas con tu viudez
sentirme las horribles estacas
la cresta desgallada en mis pies
y sin saber qué hacer con mis saltos de cama
Se retrasarán mis lecciones de ángel
...y todo por un caramelo que soñé destetetado ya
para siempre
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
CESAR Y BRUTO.

Si recordara todo, todo,
la puñalada de Bruto en las espaldas de César,
tendría que jubilar mi tiempo,
porque hasta mi sombra ya tiene duro bastón y canas cansadas,
y el recto que veis por allí, entre vosotros caminando,
sin Senado, sin Imperio,
es sólo una proyección ¡una más! de mi alma.
Y si os pido un duro, un solo duro, el más amargo
( perdonádme ),
no me deis un bastón por el puño, que ya tengo.
No me hagáis más viejo ni más sabio con vuestros consejos.
Ya estoy enteramente iluminado, y listo para partir de nuevo.
¡Oh cuántos tesoros de luz y de tristeza
se lleva el agudo metal; y la carne lo que se trae,
al ir y volver, enterándose de todo!
Porque esto de hablar extrañas lenguas dormido,
de hielo puro, de fuego austral,
es porque, a veces, claro, no tengo a nadie.
Y hablo conmigo mismo, desde el presente al pasado, y al contrario.
Me cuento en el oído derecho, y en secreto,
las corazas que me van tendiendo los años.
Al cadáver lo pueden matar cuando quieran
( eso es más que cierto ),
¡pero lo que cuesta asesinar los recuerdos!
Hay que tener una virtud especial que pocos tienen.
Borrar las páginas del alma bajo la luna llena,
cuando las palabras asoman a tumbos en el papel,
coronando las monedas de a diez.
Y se borran las comas los puntos aparte los suspensivos
y nadie nadie está muerto nadie está vivo dentro de su tumba
es como si esperaran
como si se buscaran eternamente
César y Bruto en la mirada
a la puerta sin luz del tiempo
Uno por el beso amado del hijo
y el otro
por matar al padre y la novedad
el sentir el dolor en la carne que es UNA
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
YO, EL OTRO Y EL TERCERO.

Ser el Otro,
el que recibe siempre del Yo, pecador y augusto.
Del que lima de sus uñas todo rencor y avaricia,
dando, dándose en cantidades sin límite,
para gastarse de lo que es.
Ser el pasajero eterno del motor que lleva
pero que no viaja, quedándose siempre
en su función de platinos y bielas.
La mano del Otro siempre redonda como la moneda
que no, que nunca le será propia. Apenas prestada.
¡Ah, qué maravillas de intercambios metafísicos,
rosados, dorados, pancreáticos!
Yo, que poco he entendido de la fe,
y que en economía me declaro completamente perdido,
pienso en todos estos trasvasijes, en estos todos trajines.
La iglesia de Dios es testigo. Pero ¿sólo es testigo?
¿Como las bancas entre los gritos de la Bolsa?
¿Sólo tierna madera sentada?
Cada uno tiene algo del Yo, y mucho del Otro.
Porque amanece, y nunca se sabe, de pie,
qué nos espera tras los tenedores
y en la tenebrosa profundidad del plato.
Mañana mismo, tal vez, tendría para comer
sólo mis hermosas palabras,
y no sea ya ni el Uno ni el Otro,
sino el Tercero, el Invisible.
El que llegó tarde a la ración del Amor.
El que no alcanzó a golpear las puertas de ninguna conciencia.
Y sintió el portazo brutal de la vianda.
Abriré mi bolsa en las bancas de la iglesia,
y no encontraré nada,
cantando como una belleza. Transfigurado por el hambre.
Allí estará, sin perdérmelo
...todo lo que yo sea.
Mi cigarrillo al pie del esternón.
Mi solemne clavicordio de ayes.
Pobre, al fin pobre, como Dios en la cruz desnudo,
cenando mis cirios y sus velas.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
ANIVERSARIO.

Todos los bromos de tu oro robado hace cinco años
y que lloramos en la ocasión tú y yo - los tuyos míos -
y ambos juntos otra vez
por el mundo hendido en dos
mostrándonos su lado malo su abismo
hoy constipan tus recuerdos amargos
¡Y que hasta esto tenga aniversario!
Yo te adoro
pero no alcanza ni el oro de mi amor
para amalgamarte los dientes de la sonrisa
y sigues añorando el tibio metal de lo que te falta
como el pan como el páncreas
repasando las pulseras las gargantillas en tu memoria los anillos
que nos dejaron no sólo sin consuelo
sino viudos de los dedos para siempre
Por el forado del día y el salto aleve también se fueron
la vida en calma
la intimidad que no alcanzó a gatillar sus flores
y el apellido de ustedes sufrió qué duro remezón
que todavía tiembla en los tazones de la cocina
en los azulejos del baño en los punteros del reloj
Ya nunca volveremos a tomar un té catártico
rojo y reposado como todos los cristianos
De los ladrones nada se ha sabido como es habitual
Se perdieron entre los bastidores y las pelucas de la justicia
que todavía escribe - según me dicen- con pluma de ganso
oscuras letras góticas que sólo ella entiende
¿Será agnóstica la Justicia que en nada cree
ni en el dios reparador de los bienes?
Hasta el rastro de la Esperanza se perdió
con la pista de los ladrones
y en este aniversario no sé qué encender qué apagar
Se llevaron la torta de nuez los fósforos las velas y nuestro aliento
El automóvil del juez
que hoy por primera vez tiene que volver a pie a casa - como cualquiera -
Todo todo todo se robaron menos este poema
A Dios gracias los ladrones no han aprendido a leer
Robáronse las cañerías de cobre los medidores del agua
dejando en pie el incendio el dolor las llamas la barbarie
Olvidando llevarse sus libros analfabetos
los códigos de la República
las inútiles leyes
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
PORTICO.

Caballos, hombres, bosques, espadas
...,todos murieron
en un solo río apagado de fulgores:
la barbarie.
Se quejó un siglo la tierra
sin poder respirar
sino por sus venas más subterráneas.
Cuatro pisos de alto llegó a tener la luz;
y había que creer de verdad en la luna,
para disfrutarla,
porque ya no se podía confiar en el sol
con tantas celadas y rebeliones.
Y el ramo del amor
¡qué importancia en la mano reunida!
El velo de la novia,
como la paz y la paloma, codiciada por todos.
Sobrevivió la palabra del poeta para contarlo
al viento y a quien quisiera escuchar,
bajo el temblor de la noche
y el pánico de tenedores, de cucharas.
Adelanta el pie, si puedes;
pero ten cuidado, que la historia es resbalosa de sangres.
Fulgores que apagan el río de la tarde:
espadas, bosques, hombres...,caballos.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
FINAL DE MARZO.

Qué fuertes son las nubes que se llevan el sol
como el grito del niño en la oscuridad del sueño
y más fuertes las olas que graban el rumor del paso del tiempo
sobre la candidez de las rocas
Ambas atraviesan nuestros collares de miradas brillantes
que siempre tejen la vida en torno a la esperanza de algo más seguro
porque somos sólo palomas viajeras untadas en la palabra de Dios
y si hay algo negro en nuestros picos en nuestras alas
es porque de allí nos tomó Él al sumergirnos
¿Los trenes han de ser negros andamios de demonios?
¿Sólo suspiros de ilusiones los torreones de la fábrica
los anillos de boda del humo?
¿Y el carbón del lápiz un intento de fuga?
La luna otorga permiso de circulación
a los días que van cayendo hacia atrás
y que navegan como buques fantasmas sobre el recuerdo
pero de repente en la conjunción del rayo y la estatua
nace el trino del amor que enhebra dos tumbas silenciosas
Sus inquilinos se enamoran
a partir del hierro de sus nombres que ya olvidaron
y se aman con la fuerza de la mirada
que todavía enciende las lámparas
desgastadas como joyas en el fondo de sus cuencas
¡Tanto valor en el árbol viejo
que ni siquiera sirve para un incendio!
En la puntada certera del cerebro yace
el zapatero prodigioso del destino
y se firma la alianza entre el camino y los pasos
¡Oh la ventana herida por el resplandor de tanta muerte!
Y el pedernal que queda impregnado de vida
¡Oh la biela poderosa de la mirada que logra unir a dos muertos!
Y el cementerio todo huye como un loco despavorido
con la luna incendiada entre sus brazos
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
EN LAS RIBERAS DEL RAHUE.

Se lleva el reflejo de la ciudad en un ala, el queltehue;
y en la otra, humedecida, el cielo oscuro de marzo.
Piloto de la inmensidad,
su grito es grave, metálico, como un cínife.
Yo estoy entre alforjas de humo,
entre botones de sangre,
y tardes con intenso olor a cuero, a vino, a tráfico de almas,
zurciendo los versos que otros vienen a visitar
como en una florería.
Yo estoy con el cañón de tu voz apagado
escuchando el silencio de la ciudad,
imaginando que paseamos bajo la lluvia repentina,
mientras estallan los aromas del café
y el de las dalias ya resecas del olvido.
Y no sé qué haces con tus sedas
ni en qué oficios misteriosos se ocupan tus manos.
Si hurgan en el pasado de unas cartas,
si abren unas cajas ya oxidadas de recuerdos.
O simplemente duermes, y no haces nada.
Ese pájaro representa la libertad
del viento que se mueve a destajo.
Calles paralelas.
Luces de un panal, de un pulmón que trabaja con todas sus fuerzas,
mientras marzo se desgasta en mis naipes
de rostros repetidos hasta el cansancio.
Más allá, el arco de un puente; el dormitar del río
oscuro y verde y ronco. Y cuando amanece, no hay nada nuevo,
sino lo mismo.
Las alforjas de humo, el olor del cuero, los papeles llenos de sangre.
Tu voz ausente en el auricular de los siglos.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
El timón de Castro.

Desde que fijé ese timón de Castro que me regalaste, la pared ya no se mueve más con los movimientos de las noches y logré, al fin, contar al menos, una a una, las estrellas que te prometí tanto. Quedó al lado del velero de Valdivia, sobre un rectángulo de arenisca negra, y como un bizcocho de madera, al cual en los días de mayores hambres, echo siempre el ojo tentador. Y directamente encima de tus retratos mal hechos, pero magistrales, porque fueron dibujados con toda la mano dedicada del amor.
Se mueve todo con la hojarasca de la bocina del mediodía, agitada de perros, y, luego , lentamente, vuelve a la calma conventual de mis escritos. Los únicos canes que no ladran son los sesenta de mi colección, de resina, en la repisa del lado del Este. A estribor, se abren los árboles, las calles, y la imaginación que cucharea en la claridad omnipotente de la mañana. Y a babor, un tinglado de escaleras y pasillos que conducen a la cocina y a la sentina del barco, al tráfico insoportable del único baño comunal. Somos piratas del espacio celeste. Recibo tu llamada y acudo a verte a un código astronómico de cifras complicadas y enormes, siempre rodeados de astros brillantes. Aunque, al despedirte, me regalas con una bolsa grande de galletas y besas mis labios como un caramelo, apenas a media cuadra de tu cuartel general. ¡Qué lentitud de sardinas bajo la mancha de aceite, este martes 25 de diciembre! Escucho en mis oídos nuevos el trinar de las aves, y en sonido estereofónico. Los cables eléctricos cuelgan lánguidos, como improvisados puentes levadizos que otro día intentarán tu imagen. No sé cuándo. Está mudo en su teclado el televisor, y los pocillos, vacíos todavía de frambuesas. Coinciden un instante mis ojos con tus ojos del retrato, y nos quedamos mirándonos, como volviendo a enamorarnos en la vastedad del día del no saber qué hacer. Y vuelvo a la lectura de ese libro interminable, que me parece haber comenzado cuando niño y que cerraré, eso creo, sólo en mi agonía. Por eso justamente me demoro en leerlo. Por eso retrasas tu amor. Se cuela un himno de ángeles bajo la puerta, casi doloroso, y el tiempo descansa en sus codos. Elevo una oración por los pobres, por los perseguidos de verdad por la fatalidad de su destino y que necesitan de Dios tanto como yo de ti.
Junto a unas fotografías de otra época, el árbol de navidad, con dos tarjetas de saludos. El silencio total, donde come el Minotauro. Y un poco de heno invisible para el Unicornio. El resto, cosas tapadas, cosas prohibidas a la vista, porque de describirlas me darían pena. Santos, bolsitas de té, varios calendarios asolados, papel ( tan abundante como la sangre ), ropa que se niega a ser usada, un alicate, dos atornilladores, dos botiquines ( uno para la salud y otro para la enfermedad ) y muchos libros, llenos de letras y aventuras. Las cortinas de la ventana manchadas por la distancia.
Eso me recuerda que debo lavarlas pronto, y que yo mismo debo bañarme. Y antes que regrese la señora Forbes.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
AL ASALTO DEL DIA.

Ya salen mis pasos carricoches,
naturalmente,
de este parto cansino de anoche, cuando presienten el sol las libélulas
como las esponjas abiertas la humedad.
Vuélvese a hacer redonda la moneda
y soberano el oro de mi estar en la silla de siempre.
Mientras arden las esporas de mi cárcel
y de cada rincón vomitan libertades los esconces.
¡Oh el grito voluntarioso y heráldico del cinc en el tejado de lo alto,
donde la cigüeña asila su maternal esperanza
sin límite urbano!
Cuando tiembla una gota de miel en ella,
como un huevo de horror amarillo,
retrocede todo el gris de la pared.
Estoy yendo y volviendo en el eco
del zaguán del correo,
como una piedra sorda;
poyo donde se apea del caballo
tu voz turbia que se esconde.
¿De qué gusano de luz es esta hoja abandonada?
Van mis talones sin retorno a la siga del plomo,
al desmoche del monte
laboriosamente acuñado en el sueño de anoche,
y vuelto a perder en tus calles ya sin nombre.
En consecuencia, pasan de largo mis carricoches,
las señales devoradas por el ácido del humo, las visiones de entonces,
los pañuelos que despiden tempranamente la tarde.
...Tu imagen a salvo en el alcanfor conventual de un martes.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
DEGOLLADOS POR LOS VIOLINES.

Un ruido, cualquier ruido
es una maldición que reafirma la oscuridad.
Así es que, a veces, para salir a la noche repentina,
nos cubrimos de pies a cabeza
con la maternal protección de nuestras propias palabras,
que nos vuelven invisibles.
Nos vamos hundiendo en la profundidad sin límites
con la espada de una lámpara en alto.
Y a medida que el campo avanza, lleno de llamadas y de trinos,
se devora nuestros pasos vacilantes,
cerrándose tras nosotros como los grandes labios del agua.
Alguien se persigna bajo el frío.
Y todos los niños nos sentimos como un pequeño caracol
que ha perdido el juicio
entre las volutas interminables de la memoria,
donde no logramos dar con el verdadero rostro del muerto,
ni arrancarnos de la mirada pegajosa el bigote de su alias.
¡Y con qué saña mató a diez aquí mismo, bajo la enramada!
Los degolló entre los violines
y el chacolí del desenfreno anónimo. Y luego el asesinado fue él.
Y diez son,
justamente,
los grillos que cantan ahora, entre las ramas tenebrosas.
Un fogonazo de luna da de lleno contra un rostro,
que suponemos vivo,
y arrancamos, despavoridos, y en tropel, de vuelta a casa,
abandonando nuestras almas, que quedan allí clavadas de espanto.
Mañana, con la luz del día, veremos, alucinados
que los claveles han renunciado para siempre a su sangre.
Temblando bajo el rocío de la mañana
...ahora son más viejos, más sabios y más blancos.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
ESPERANDO EL AMANECER.

Toda la noche esperando el amanecer
contra las islas solitarias de allá enfrente
donde hay una continua erupción de pájaros.
En el mar atrapado de mis sienes
donde se levantan las aguas, evaporándose entre las nubes.
Y el amanecer llegará tal vez por las cañerías del edificio a solas,
por los elevadores donde el ciego subió
perdiendo sus monedas, ebrio de un temprano rayo de luz.
O por la absurda premonición de una pata de conejo.
Tengo una náusea como de espolón atravesando mi pecho
y que rebota en verde contra las paredes sumergidas.
Que se unta de tu nombre
como de una tinta anónima.
Yo prefiero, en verdad, las heridas del tigre
a dialogar con los desfallecidos timbres del valor que no tengo.
Tal vez mi destino sea, en vez del héroe resplandeciente, hacerme testigo
de la cobardía celeste de mí mismo.
Esperando el amanecer en la punta de los muelles,
entre los tallarines acuartelados por la única voz de mando del hambre.
Pero, ya dije, hay un sonido de cañerías,
asinfónico,
de atroz plomería taponeada
que desarticula las alturas de los rectángulos.
Y da pavor mirar la propia sombra desde arriba
cuando todos le preguntan a la edad cómo llegó hasta allí.
Ella responde sólo con signos matemáticos.
Vemos pasar el ascensor por el cuarto piso,
unos instantes después del ciego de las monedas,
donde se solidifican las sangres, y el tigre adquiere aspecto de alfombra.
¡Ay amanecer que no llegas!
Le arrancaron el corazón a las tinieblas,
poniéndole en el centro del pecho una tortuga.
Ahora tiene serpientes en vez de venas en los bajíos de su aorta
y un reloj suizo donde estaba el cerebro.
Ahora nadie lo detiene.
Temo que el sol pase de largo por los corredores
jamás violentados por el arado.
Ayer ya acabamos con las ansias.
Ríen, cadavéricos los pájaros, en el gineceo de las nubes.
Ríen con cintura de mujer,
con esos puentes invisibles de sus zapatos
que no escuchamos sino tarde.
Porque el ciego nos llenó los ojos, pero de su esperanza
...que es casi nada.
Y el cojo nos conminó a caminar en círculos elefantiásicos.
Tan pronto aprendimos nuestros primeros pasos,
perdimos el rumbo del amor,
que se vuelve ventanal y pájaro.
Por allì, dicen los viejos, que debe llegar el amanecer,
donde crujen las hojas
y el pan se eleva en sus fermentos.
Donde, al arrojar una flecha, se devuelve la hojarasca del viento
como un amarillo esqueleto.
Y tintinea en los vidrios de nuestros ojos,
donde se iluminan los postes
y los ebrios recuperan el camino de vuelta a casa.
Donde te deshaces, mujer, de todas tus armas blancas,
dejándome en la piel la vieja cicatriz del encuentro.
Allí mismo nace el sol,
como un ángel plateado de torbellinos.
Y la maldita cañería de la noche por fin se queda callada.
No se oyen los gemidos de sus goznes.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
A LA VELOCIDAD DEL AVE.

Del vuelo de un ave se desprende una arista nueva
que el caer nos hiere a la velocidad pura
de la pluma y de la nieve.
Hay tantas cosas lindas que decir, ahora que nos vamos,
pero son pocas las monedas para poner en pie el entusiasmo,
los delicados hilos de la imaginación en la garganta.
Se descubrirá mañana que era pálida la noche
y rubia la ceniza.
Abro el desván de más arriba, y está vacío.
Desmayo. Grito. Urbe.
Se han robado las joyas del Louvre
y la noticia enriquece a los periódicos.
Ya no serán titulares las tardes de fútbol ni las patas de los caballos,
ni el sacrilegiado loco sabio que hurga
entre los átomos invisibles, sino este atentado a la Vida.
Porque el hambre, la soledad y el abandono
son todavía más grandes sin el silencio de la mirada de la Gioconda.
Como la Guerra del Golfo
hubiera sido insoportable sin Tolstoi.
Alguien tiene que lavar, remendar y aplanchar las tragedias
y entretener al alma con sus piruetas de plástico.
Hasta Dios no sería un dios si no existiera este público de la esperanza y del pánico.
Ni qué decir del avión que lleva como doscientos años
oxidándose en el hangar por nosotros.
Viaje que se realizará cuando den su gran vuelta a los términos
las pequeñas cosas íntimas del caracol,
y nos broten las plumas necesarias en el corazón.
Cuando de simples soñadores
pasemos a ser visitantes concretos de la nube.
Yo, completamente empapado en Tolstoi. Nunca antes.
Y tú recuperes la sonrisa de la Gioconda.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
HIROSHIMA, O EL AMOR.

A todo le colocamos ángeles
los muy cretinos
como si los ángeles no fuesen de otra geografía sino del adorno
( la ene está demás )
Como los trenes le ponen humo a la distancia dejándose querer
Al dar el primer mordisco al pan de la mañana
no sé si muerdo sus alas delicadas
( cambiar la última ele por una d )
o un ramal ferroviario completo
me chorrea una pasta verdiblanca en la boca
hecha de parnasos de niños ancianos o de frescos cipreses
que el Ministro de Transportes o Dios mismo me castigará
porque quien ama no piensa en el nido sino en el tránsito
en el corazón piensa tanto como en los girasoles amarillos
Y cuántos no quedarán esperando bajo la lluvia
con sus nombres con sus citas listos para vivir
peinados y para acudir al trabajo o a la misa de doce
Serán como los túneles que no visita el tren detenido de mi ansia
hurgando sólo en la partida de tu cuerpo de tu voz congelada
Sólo me preocupo de mis revoluciones
de la sangre que ya se espesa en la esfera del reloj
mientras afuera cae toda la nieve del mundo
La revelación de los dioses es así
violenta para el eje único para el ojo del lector
coronado de alas y de nimbos
Ni culpa tengo de quererte
como una Hiroshima sacrificada
en la vieja estación del relámpago y del humo
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
