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Nevares

LEVIATAN.

LEVIATAN.

Cuando yo anduve ciego de los ojos por la vida,

cayendo mucho, nunca callando, que no es lo mismo,

arrastraba sueños o empujaba ambiciones. Iba,

un cigarrito en el morral, un montón de cenizas.

Todo hombre encadenado a una mujer está perdido:

obsesionado por sus labios, su pelo, deriva,

un Leviatán en las aguas cada vez más oscuras.

De pronto, un día nos iluminaba con su luz.

Es Cristo, que se resiste cada vez a dejarnos.

...Pero siempre el cigarrito marcando la jornada!

 

¡Qué pedazo de luna llena y alta, encaramada!

Me arrojaba al suelo, al abrir la ventana, al soñar,

el calor muy denso del verano sobre las sábanas.

Ella, con su martirio y sus hijos, lejos; yo, solo:

cigarrito en el morral, pieza de alquiler barata,

la figura de un Leviatán pegada en la pared.

Todo el día inventando justificar mi pobre alma,

conversando con el único señor dentro de uno.

El amor de dos, flaco como un tenedor sin hambre,

rechaza las ideas que se ponen por delante.

 

Arriendo un par de ojos buenos, académicos, negros,

para que la mentira tenga un tono más parejo

en la pared brusca del Leviatán, del tenedor.

La amapola se deshace de tanta calor. Viene

por sobre el rumor de las hojas secas el invierno

galopando mi novela definitiva. Ultimo

capítulo. Beso, no sé si a la mujer o al monstruo.

Hay una cadena bajo la luz. Me ata, me desata.

Soy un faro único, escribiendo siempre versos blancos.

...Mi madre habrá de arrepentirse de haberme tenido.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

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1 comentario

roderick -

Me sorprende la lirica y las resonancias de un mundo interior solitario...busca al Senor y encontraras la paz que buscas. Carinos
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