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Nevares

DEGOLLADOS POR LOS VIOLINES.

DEGOLLADOS POR LOS VIOLINES.

Un ruido, cualquier ruido

es una maldición que reafirma la oscuridad.

Así es que, a veces, para salir a la noche repentina,

nos cubrimos de pies a cabeza

con la maternal protección de nuestras propias palabras,

que nos vuelven invisibles.

 

Nos vamos hundiendo en la profundidad sin límites

con la espada de una lámpara en alto.

Y a medida que el campo avanza, lleno de llamadas y de trinos,

se devora nuestros pasos vacilantes,

cerrándose tras nosotros como los grandes labios del agua.

 

Alguien se persigna bajo el frío.

Y todos los niños nos sentimos como un pequeño caracol

que ha perdido el juicio

entre las volutas interminables de la memoria,

donde no logramos dar con el verdadero rostro del muerto,

ni arrancarnos de la mirada pegajosa el bigote de su alias.

 

¡Y con qué saña mató a diez aquí mismo, bajo la enramada!

Los degolló entre los violines

y el chacolí del desenfreno anónimo. Y luego el asesinado fue él.

Y diez son,

justamente,

los grillos que cantan ahora, entre las ramas tenebrosas.

 

Un fogonazo de luna da de lleno contra un rostro,

que suponemos vivo,

y arrancamos, despavoridos, y en tropel, de vuelta a casa,

abandonando nuestras almas, que quedan allí clavadas de espanto.

 

Mañana, con la luz del día, veremos, alucinados

que los claveles han renunciado para siempre a su sangre.

Temblando bajo el rocío de la mañana

...ahora son más viejos, más sabios y más blancos.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

 

 

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