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Nevares

POESIA A ESCALA HUMANA, NO ASTRONOMICA.

POESIA A ESCALA HUMANA, NO ASTRONOMICA.

Huidobro a veces es una etiqueta de salón demasiado pesada,

un Ives Saint Laurent, un dictador de moda, limitante

como los bastones ortopédicos, como los frenillos, como una silla de ruedas.

Que los dientes y las piernas y los brazos crezcan para donde quieran ir.

Tú no les ordenas a tus piernas, "¡sube esa montaña!"

( menos aun si se trata de una montaña imaginaria ).

Son ellas quienes amanecen o no con ganas de escalar y te llevan a la cima.

 

Al tahur le tocaron en suerte unas manos asquerosas

y no tiene otro destino que barajar las cartas marcadas de codicia.

Hasta que no se practiquen transplantes de piernas y manos,

iremos de casino en casino o de montaña en montaña.

Lo importante, señores...es que no muera el heroísmo.

Que el destino sea acorralado en el fondo de una mesa

o en el resplandor de la nieve.

 

Sin embargo, todavía hay cosas hermosas que concebir, como

"una lluvia de paraguas rojos en pleno invierno".

"El viento trae las bufandas desde los países cálidos del Africa".

O, "Me inclino a tus pechos para abrazar la blancura de los Andes".

Pero también hoy quisiera jugar una mesa de billar

con los amigos que no veía hace muchos años.

Que la poesía sea reconfortante como una copita de cognac, mientras arrecia el frío.

 

Que cuando cae la nieve, tus ojos siguen inalterables

en el cielo

y puedo ir a visitarlos más tarde. Poesía sencilla como la reina del naipe.

Conozco todas las trampas del destino que nos separan.

Ya sé cuál es el camino para llegar.

Cuando quiero estar triste, tengo para mí solo toda la tarde.

Las bolas al chocar sobre la carpeta se salpican de la fresca sombra de los planetas.

 

Si algo sobra en la mirada de los astrónomos

es su incapacidad de volver a sentirse niños. Son demasiado graves en sus lentes "poto de botella".

Si algo echo de menos en los versos de los poetas

es el valor de dejarse conducir por las palabras, como el pastor hace con las ovejas

hasta los valles donde el pasto crece más verde.

Admiro esa paciencia diáfana en los ojos de los corderos,

cuando no sólo de carne y de lana viven los hombres.

 

Instrumentos nos faltan para pesar el aire y el sol,

y luego empujarlos con el taco hasta el fondo de la tronera.

Que duerman los astros reposados en el silencio matemático de la noche

hasta el juego del día siguiente.

Ahora...¡a lo nuestro! A morder tus pezones con mis labios.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

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