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Nevares

ENTRE EL UNO Y EL CERO.

ENTRE EL UNO Y EL CERO.

¿Cuándo cesarán tus misterios?

A lo mejor, lo que debo preguntar es cuándo

acabarán los días inciertos.

Cuándo las cosas dejarán de caer hacia abajo y se precipiten hacia nosotros.

Cuándo las sumas y las restas

queden confinadas sólo a las matemáticas, y no nos salpiquen.

Cuándo ya no se sorprenderán mis sorpresas con tus números nuevos:

esas sombras entre el uno y el cero, entre el cinco y el seis.

Y cuándo dejarás de pedirle perdón a Dios por tus secretos.

 

Te lo he dicho hasta el cansancio:

mi cuerpo es esta cama desvencijada.

Y esta soledad de hombre solo es toda mi alma. Y no hay más.

Y estas paredes llenas de escritos robados a la nieve,

y estos disparos contenidos y estos gemidos que rondan los pájaros al atardecer.

No tengo más mañana que este cuarto ardido por los cuatro costados,

y no más novela que mi vida toda, que ya conoces de memoria.

Nada que declararle al ángel que lo ve todo

por encargo expreso del Señor.

 

Mi número es un uno entero, sólido, macizo, como una barra de oro o de chocolate.

Más allá de la nieve y de los pájaros comienza el cero.

 

Y cuando tú dejas caer una piedra, una duda,

se alteran las ondas del Universo.

Mis poemas, los retratos de mis abuelos perforan las paredes,

los dibujos que te hice salen disparados hacia el infinito.

Se astilla de barro mi taza de café

y hasta el simple fumar se vuelve algo estúpido, atorador, amargo.

 

Y al calmarse las ondas, todo vuelve a lo normal:

el pájaro retorna al nido, la cebra a la sabana de Africa,

y mi corazón, como un canario atormentado,

se hace oír de nuevo bajo mi pecho.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

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