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Nevares

¿ARTE?...¿POETICA?

¿ARTE?...¿POETICA?

Descubrí que lo que se odia en el poema

no son los versos sino la música;

la melodía que nos recuerda

esa doble corrida de unos dientes

que ya nos sabemos de memoria.

Y sé también lo que se adora:

la imagen extraviada y novedosa

de un nuevo sol, frío y lleno de hiel.

 

Yo pasaba por allí, casualmente,

cuando di con la razón,

oculta bajo mi nostalgia.

La vi como a una niña que arrastra su rubia muñeca de las trenzas.

Igual que a la araña que se refocila con la presa

iluminada ante sus cuatrocientos ojos miopes.

Yo pasaba por allí, con mis tristezas,

y con mis sabias orejas de búho y tabernas.

 

Pero una cosa es que yo vea los cocodrilos

y otra, la agilidad de mis piernas de mamífero, para huir.

Lo que me costó, supieran, aprender a nadar en el tintero,

a luchar contra las mariposas de su maldad.

Nadie quiso fiarme la habilidad que tengo

siempre en entredicho, según le consta al médico.

Ha descubierto, enquistados en mi cuerpo,

tumores de Vallejo, de Neruda; incluso, una sospechosa tos de Darío.

 

Y, claro, hago milagros con la vida prestada.

Cuando hace frío y no hay leña, incendiamos los poetas el piano.

Quemamos todas las golondrinas en el vestíbulo.

Nos arrancamos el pelo. Nos sucede exactamente lo mismo.

Yo fumo, amo, orillo, me duermo y cavilo,

velando mis oscuras y verdes excretas en el baño.

Que cómo llego hasta fines de mes con mi cadáver,

ése es otro cuento.

Cada vez que escribo un poema, le entrego mi rostro a las ratas

y al hombre pobre que camina a diario, equilibrándose hasta el sol.

Pero eso, quién lo sabe...

¡y a quién le importa!

Lo que se nos exige es saber seccionar en dos un pelo y a lo largo

...con un solo golpe de sable.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

 

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