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Nevares

TROYA.

TROYA.

En esta guerra de amor de nuestros dos sexos,

me declaro perdedor.

Los tiempos ya no están para epopeyas mayores,

ni mucho menos para caballos de madera.

 

Anda a encender las hogueras en el templo de Lesbos,

y grita a los cuatro vientos que Paris es un cobarde.

Que repruebo la cama king size que tú compartes con el enemigo

después de amarnos en las sábanas del dolor.

Que no visto ropa de marca.

Que sólo gano el mínimo, y sin aguinaldos.

Ni tengo un predio lleno de sol y de pájaros.

 

Es más. Hace veinte años que no recibo un premio literario,

y hasta bostezo mal.

Que todo mi itinerario, como mi vida entera,

ha sido un fiasco.

 

Bueno, la verdad,

tú tampoco eres la Helena que soñé.

Y en este caso es mejor ser un buen perdedor que un mal ganador.

Se quedarán vacías las copas en nuestras manos,

se derretirán los hielos de los polos.

Aunque no creo que esto sea un problema para los tunantes.

 

No creo que después de nosotros venga el Apocalipsis.

Pero, por las dudas, cuando me veas rondar por tu barrio o nos crucemos en la ágora,

échame a los perros de tu rencor,

ordena a tus esclavos negros que me apaleen.

Lo tengo bien merecido, por atreverme a amarte ganando sólo el mínimo.

Será como en un concurso literario.

En las guerras de papel, el nombre del ganador ya es conocido por todos desde antes.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

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