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Nevares

YO, EL OTRO Y EL TERCERO.

YO, EL OTRO Y EL TERCERO.

Ser el Otro,

el que recibe siempre del Yo, pecador y augusto.

Del que lima de sus uñas todo rencor y avaricia,

dando, dándose en cantidades sin límite,

para gastarse de lo que es.

 

Ser el pasajero eterno del motor que lleva

pero que no viaja, quedándose siempre

en su función de platinos y bielas.

La mano del Otro siempre redonda como la moneda

que no, que nunca le será propia. Apenas prestada.

 

¡Ah, qué maravillas de intercambios metafísicos,

rosados, dorados, pancreáticos!

Yo, que poco he entendido de la fe,

y que en economía me declaro completamente perdido,

pienso en todos estos trasvasijes, en estos todos trajines.

 

La iglesia de Dios es testigo. Pero ¿sólo es testigo?

¿Como las bancas entre los gritos de la Bolsa?

¿Sólo tierna madera sentada?

 

Cada uno tiene algo del Yo, y mucho del Otro.

Porque amanece, y nunca se sabe, de pie,

qué nos espera tras los tenedores

y en la tenebrosa profundidad del plato.

 

Mañana mismo, tal vez,  tendría para comer

sólo mis hermosas palabras,

y no sea ya ni el Uno ni el Otro,

sino el Tercero, el Invisible.

El que llegó tarde a la ración del Amor.

El que no alcanzó a golpear las puertas de ninguna conciencia.

Y sintió el portazo brutal de la vianda.

 

Abriré mi bolsa en las bancas de la iglesia,

y no encontraré nada,

cantando como una belleza. Transfigurado por el hambre.

 

Allí estará, sin perdérmelo

...todo lo que yo sea.

Mi cigarrillo al pie del esternón.

Mi solemne clavicordio de ayes.

Pobre, al fin pobre, como Dios en la cruz desnudo,

cenando mis cirios y sus velas.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

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