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Nevares

PLENILUNIO.

PLENILUNIO.

Sólo para ser tristes hemos navegado bajo las estrellas

de crujido en crujido,

de ola en ola,

hasta que se me volvieron amarillos los cabellos.

Tengo un corazón viejo y doliente

encerrado en un cuerpo de niño,

y mis gemidos parten la tierra como un arado

a falta de mis manos que se alejan, agotándose;

mientras el alma, ignorante de ésto, canta palabras

embriagadas en tinta.

 

Poco logramos con estar juntos de día,

si, irremediablemente, enviudamos de noche.

Ya no tiene vino la viña de mis desdichas,

perdido como voy, definitivamente, en cada viaje nocturno

con mis pequeños sueños de grandes alas.

Nos falta el sustento del encuentro y el metal del coraje.

Todo lo que queda son tus sedas que suspiran,

tu mirada que permanece fija en mi ocaso amarillo,

desesperadamente suave, como una felpa,

y en donde nadan hasta ahogarse mis gemidos.

 

Voluntad del humo que desata mi cigarro,

triste recompensa que trabaja a domicilio,

mientras se hunde mi alma en la carne de la noche,

solitaria, como la más sola de las estrellas.

Está mancillada la Rosa de los Vientos

y perdidas para siempre las cartas de nuestro camino.

Ciegamente, vagamos entre los geranios.

Son barandazos entre la niebla, los encuentros:

ocasos, eclipses de días desiguales;

llenas las expectativas, hasta los bordes, de cenizas pálidas.

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

 

 

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