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Nevares

AGUAS ORALES

AGUAS ORALES

Cierta flor es la cabeza de un suicida reventada de plomos.

Tal graznido de pájaro, el temblor fibroso del vidrio.

Las elevaciones de unas manos se estratifican como nubes o arden como sapos.

Las peluquerías tienen olor a caballo mojado,

a los astros quemándose en los altares de la lejanía.

Y todavía el amarillo del canario preso en los balones de gas.

Las angustias de algunos bolsillos latiendo en las sienes del hambre.

Del fondo de una noria, que nadie visita, nacen todas las traiciones

que luego subirán a gobernar el corazón.

 

Son elementos comunes: el viento, la oscuridad y el agua.

El filo de una espada y el salto de una pulga.

Una moneda de triste efigie, un pedacito de alambre.

Las horas que rechinan en los rieles de las maestranzas,

y también las bocas de los que duermen con frenillos.

 

La voz de la ausencia que reclama en los vacíos,

cuando las tablas recién cepilladas

no adquieren aun esa apariencia final que las vuelve célebres.

 

Viene el pintor a reunirlas en sus dedos sucios de cenizas.

Cosas tan diversas y que no se conocen entre sí,

como el caballo, la maestranza y la peluquería.

Como la moneda triste, la noria y el salto de la pulga,

el filo de la espada y el amarillo del balón de gas.

Como el canario y la cabeza estallada del suicida.

 

El pintor dibuja, diseña los límites, esquematiza todo en sus aguas orales,

como una madre que gime y un hijo que nace.

Un chasquido en la sombra, y luego la luz;

el temblor del vidrio que acelera la sangre.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

 

 

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