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Nevares

LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

La totalidad de las palabras es igual a la masa de la luz.

Tendrán que persignarse antes de escribir una carta, un poema,

como lo hacen al comer un pan.

 

Un poema es un acto sagrado.

Una redención de sirenas. Una migración de ballenas.

Un árbol que abre sus brazos al viento

y respira por la paz de todos los océanos.

 

Un pajarito que trina en mi corona.

Y sus trinos llenan los confines del infinito.

La majestuosidad serena de un camino.

Mis manos, espigas sencillas, y complejas de órdenes.

El paisaje que envuelve mis leyes

y a cada cual le entrega lo que le corresponde.

 

Y a causa de unas traiciones que verdearon mi sangre

un día común, cuando yo era un hombre,

de canasta de frutas y de mercado,

te dije con mi voz humana y contrariada:

Hoy prefiero la tumba a tus engaños.

Borraré para siempre tu nombre de la faz de la tierra.

Nadie más volverá a llamarse así.

 

Sin embargo, mi amor por el resto de las criaturas

se multiplicará como la hierba, como el musgo.

Algunos tendrán dos primaveras en el año,

y cuando se muera su amor, le sucederá otro.

Ya no existirán los viudos.

 

Alégrate, hija mía, del poder de tu traición.

La culebra será la taquígrafa oficial.

Y tan pronto lleguen a mí los deseos acongojados

serán satisfechos uno a uno. Ya he hablado.

 

Al que ame de verdad le será entregado,

a causa de su fidelidad en mí, que es el Otro,

el poder original de la palabra.

Podrá abrir con ella todas las puertas,

a condición de que conserve su corazón puro.

 

Hacedlas restallar en el poema, en las cartas.

Las palabras traen en sus lomos dromedarios

la excelsa luz del Oriente.

Desintoxicadlas, hijos míos,

haced bruñir sus carnes que están envueltas

en el mal aliento de los deseos bajos.

 

 

 

Cuando todo se haya logrado, volveré de mi tumba.

Hoy es sábado.

Despertaré mañana mismo a verlo resplandeciente todo.

¡Escriban, escriban, escriban,

lo que yo os dije con mi voz de arena!

 

Para que vuelvan a brillar las sirenas en el mar.

Para que vuelvan a galopar los unicornios en el bosque.

Y que cada momento se una a otro.

Escriban, no sólo para el hallazgo y la verdad,

también para la continuidad. Para la contemplación.

Para el gozo.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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