22/07/2008
LAS LLAVES DEL HORIZONTE. ( A los viejos pescadores de Taltal )

¿Cómo hacen los pescadores para cruzar la línea del horizonte?
¿Se arrastran nadando entre el cielo y el mar,
y sus faluchos se quedan de este lado, esperándolos?
Detrás del horizonte comienza el reinado de la noche.
Brotan en la superficie grandes peces blancos, con ojos borrachos de luna llena.
Son pocos los temerarios que se atreverían a cazarlos.
Los pescadores se internaban en esa jungla
buscando el congrio negro, el congrio rojo de frescas agallas,
para, muchas veces, encontrar la muerte o la locura.
La abuela nos contaba de estas cosas, al acostarnos,
no para que nos diera miedo; para que nos durmiéramos más pronto.
Y al día siguiente, todo nos causaba pavor. Hasta las líneas del cuaderno.
En la taza del baño imagninábamos quizás qué monstruos abominables
dando vueltas en el fondo, alimentándose en esa pequeña oscuridad
de nuestros deshechos.
Mi estitiquez era monumental. Duraba semanas.
Me hacían tragar mis padres litros de purgante.
Nunca más picotear entre las comidas.
Y cerrar, cerrar, sobre todo, las ventanas que daban hacia el mar
con los dobles postigos de nuestra inocencia agraviada
por el ser más dulce que podíamos imaginar:
la abuela.
Quedaba prohibido mirar hacia La Puntilla, de noche, sin persignarse.
Era una lengua de tierra mágica, afiebrada por las leyendas.
Algo parecía deambular entre los roqueríos, en el estallido brutal del agua.
Sólo la vuelta del verano traía paz a nuestra infancia.
Aunque a condición de bañarse sólo en las orillas de la playa.
De jamás darle las espaldas al horizonte. Esa guadaña llamada lejanía.
Nos decía la abuela, que por eso bebían hasta embriagarse los viejos pescadores.
Remendaban al alba los delirios en sus redes rotas,
arrancándose a manotazos los demonios de la noche.
Al parecer, perdieron las llaves que abrían el horizonte.
Porque, cuando pasé por allí, años más tarde, no había nada.
Sólo un puñado de arenas oscuras y un pedazo de mar, tan tranquilo que parecía muerto.
Y no veo otra alternativa:
o fueron sólo un ensueño de nuestra infancia los pescadores
o nuestra abuela querida nos engañó siempre.
Autor: Julián Rojas ( Héctor Cordero Vitaglic ).
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
20/07/2008
POESIA A ESCALA HUMANA, NO ASTRONOMICA.

Huidobro a veces es una etiqueta de salón demasiado pesada,
un Ives Saint Laurent, un dictador de moda, limitante
como los bastones ortopédicos, como los frenillos, como una silla de ruedas.
Que los dientes y las piernas y los brazos crezcan para donde quieran ir.
Tú no les ordenas a tus piernas, "¡sube esa montaña!"
( menos aun si se trata de una montaña imaginaria ).
Son ellas quienes amanecen o no con ganas de escalar y te llevan a la cima.
Al tahur le tocaron en suerte unas manos asquerosas
y no tiene otro destino que barajar las cartas marcadas de codicia.
Hasta que no se practiquen transplantes de piernas y manos,
iremos de casino en casino o de montaña en montaña.
Lo importante, señores...es que no muera el heroísmo.
Que el destino sea acorralado en el fondo de una mesa
o en el resplandor de la nieve.
Sin embargo, todavía hay cosas hermosas que concebir, como
"una lluvia de paraguas rojos en pleno invierno".
"El viento trae las bufandas desde los países cálidos del Africa".
O, "Me inclino a tus pechos para abrazar la blancura de los Andes".
Pero también hoy quisiera jugar una mesa de billar
con los amigos que no veía hace muchos años.
Que la poesía sea reconfortante como una copita de cognac, mientras arrecia el frío.
Que cuando cae la nieve, tus ojos siguen inalterables
en el cielo
y puedo ir a visitarlos más tarde. Poesía sencilla como la reina del naipe.
Conozco todas las trampas del destino que nos separan.
Ya sé cuál es el camino para llegar.
Cuando quiero estar triste, tengo para mí solo toda la tarde.
Las bolas al chocar sobre la carpeta se salpican de la fresca sombra de los planetas.
Si algo sobra en la mirada de los astrónomos
es su incapacidad de volver a sentirse niños. Son demasiado graves en sus lentes "poto de botella".
Si algo echo de menos en los versos de los poetas
es el valor de dejarse conducir por las palabras, como el pastor hace con las ovejas
hasta los valles donde el pasto crece más verde.
Admiro esa paciencia diáfana en los ojos de los corderos,
cuando no sólo de carne y de lana viven los hombres.
Instrumentos nos faltan para pesar el aire y el sol,
y luego empujarlos con el taco hasta el fondo de la tronera.
Que duerman los astros reposados en el silencio matemático de la noche
hasta el juego del día siguiente.
Ahora...¡a lo nuestro! A morder tus pezones con mis labios.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
19/07/2008
A LA SOMBRA DEL TROMPO VA GIRANDO EL TIEMPO.

Todavía no logro despejar el círculo de rostros desconocidos
que son como un bosque de piedra a nuestro alrededor,
humedecido por las sombras de las grandes acacias.
Y en vez de la llave musical de tu sí, suena una gotera interminable en mi mente.
Yo no soy el gásfiter, niña mía; ni mucho menos, el gángster que lo resuelva todo.
Apenas un muchacho que tomó el lápiz para dibujarte.
Han surgido cercas nuevas en tus dominios
y se mueren mis años contando las ovejas que saltan enmascaradas tus vallados.
Pues, en ese mitin de pastores anónimos, lectores de la Arcadia Feliz,
no me dejan entrar; no me reconocen como a un socio.
Yo sólo asisto al espectáculo gozoso de la miel
que en cada atardecer ellos se llevan a sus labios.
Registro las mareas que va marcando en la pared de mi estar
el tiempo que se marcha viejo y retorna joven.
La decrepitud del calendario donde mueren
como trapos roñosos las mariposas.
El coro fosforescente de las libélulas
y todos, y cada uno de los incendios imaginarios.
Y siento en ese abrazo que me das
el temor de cómo lo voy a pagar después, aislándome,
deviniendo cada día en un ser extraño.
Que me miraré en el espejo sin reconocerme a mí mismo.
Si ya me pregunto de quién son estas ropas, de quién estos zapatos;
qué hago aquí con estas manos ajenas. Como un bicho negro entre las abejas rubias.
Debo estar ya muerto, y en mi ceguera de vida recuerdo
el vuelo que me enseñaron cuando muchacho.
La vuelta del aro por los caminos terrosos. Mi cabeza despeinada por el viento.
La ebriedad de colores del trompo de madera,
cucarro y extraño con su hierro, como yo mismo me vuelco en tu vida
...incendiando círculos de nostalgia.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
18/07/2008
EN BOCA CERRADA NO ENTRAN VOCALES.

AEIOU, todas las vocales reunidas
en un mitin de gritos,
como las raspaduras de hierro en torno al imán.
Bisagra de la lengua es la vocal.
La boca misma de una mina inagotable de e-lecciones eternas;
la entrada a la mosca abismante del vuelo,
zumbadora de infinito, i, o
al palacio del hambre,
a la casa del terror,
pero de esas ferias rodantes, pobres, ¡pobres!
Los locos, los suicidas del pincel,
los poetas
andan sueltos dentro de la jaula,
y desde lejos, o muy cerca, sube un olor a establo,
a nuez podrida, a manzana de Adán.
AEIOU! Al pronunciarlas juntas
en el grito unicorde,
suenan a amarillo,
a arcoiris descompuesto, incompleto.
Hay que entenderlas en las heces del sibarita,
en las erres del runrún, en la T del tóxico fermentado.
AEIOU! El esternón rojo de la fragua
donde se arma el pálpito de la guitarra,
sus dedos a veces deicidas
pulsando en las cuerdas, que también son cinco,
un Getsemaní de lágrimas,
y, sin embargo, españolísimo, andaluz a redundancia.
La A del amor sanforizado que se nos promete
que no arruga ni encoge.
¡Dios nos pille confesados!
La E de la eternidad, del éter,
encendida en las raíces de la gramática
y que tanto nos cuesta comprender a-ve-ces.
La I de la ilusión, de esa luz que a ratos oscurece,
hilamento de hermanitos huérfanos de hogar.
La O, ataúd redondo, ofrenda robada al olvido
de todos estos años puercos, pueriles.
Y, finalmente, la U.
Que cuando no campeona, desciende a segunda división.
La copa en que se bebe el adiós.
El insecticida despabila a las pulgas de los sentidos
y las mantiene alertas, energizadas.
¡Qué hubiera sido de ellas sin ese tónico que idearon
las fábricas asesinas de la salud humana!
Las vocales están colgadas del murciélago,
boca arriba, en la oscuridad de un paraguas repulsivo.
Y no hay más.
Las vocales entran en las palabras como una locomotora
al carbón del túnel,
mientras duermo aeioú
con mi píldora de fabricar sueño bajo la lengua traspuesta,
española.
Autor: Julián Rojas.
Derechos de Autor Reservados bajo responsabilidad del mismo.
04/07/2008
COMO UN SUEÑO EDITORIALIZADO.

Café cortado lilas al alba
cuando los fuelles vencidos del sillón
se emparejan con mis bofes
oh cuántas islas atesoran mis dedos
tu sonrisa Gioconda como una sémola
en las insustanciales sombras de la galería
por donde resbala en caída newtoniana mi alma
pero siempreviva
solapa con que me mancha indirectamente
la importancia augusta del pintor
Desde lejos amándote más que a París
más mucho más que a este Louvre de cristales
catedralicios monárquicos
y todo es en francés el letrero de la esquina
el taxi monsieur y no hay forma de comunicarse contigo
mil novecientos noventa y siete
hay que volver al hotel para volver a hacer las maletas
para volver al bus y volver lentamente al avión
que vuela en reversa
la anchura fantasmal del inmenso océano
y dar de nuevo con el pequeño Sur
entre tanto invierno
y enhebrar el hilo entre tus dientes
única forma de que sonrías
luego hice un dibujo de ti explicándotelo todo
por qué Amboise por qué la huida por el bosque
por qué mi barba de Papá Noel
por qué la máquina de guerra y el paracaídas
por qué mi amor a través de los siglos
por qué yo mismo por qué tú Mona Lisa
Y por qué la novela de Dan Brown mucho después
y por qué tanta conmoción y tanto acertijo
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
28/06/2008
DIA-EN BAJADA-AMOR.

La caja idiota y la queja estúpida
la plomada del sol
la verdad esos filamentos que enceguecen
Hay que saltar de la cornisa al silencio
y rogar que la hora inválida no se haga a un lado
que nos esté leyendo el lector
y no nos llegue la patada del rechazo
verde
bajo los cerezos desmochados de la avenida
y la sonrisa muda de la arcada del cementerio
Hay que votar por fulano
arrugando las narices y arrojarse por la ventana
con el talento incierto de nuestros cilios
comerse la papada que sobra
en la siempre tenebrosa olla de los grillos
Hay que estar a la altura de las circunstancias
siempre aceitado el grito en la garganta
y las monedas en los bolsillos
Los dedos pasan por los sueños de las manos
que ahora están justamente heridas de flor
Vamos -en bajada- con el pulgar
lejano como en Turquía
y hay un azul violento que denigra en el fondo
la estrella maciza de la patria
tan llena de asteriscos
Vamos de quisca en quisco soportando todo
por este dios de Jacob su promesa
es al desayuno como el pulgar a la mano derecha
viendo su sol enorme grandioso amarillo
con los ojos cerrados del candado
y las dos manos por fin difuntas
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
17/06/2008
LAS BELLAS Y LAS FEAS.

Me ha ído muy mal con las bellas
y muy bien con las feas.
Con las primeras, con sus collares de perlas,
con sus collares de amigas,
con sus collares de familias
y su larga enumeración de atavíos. Nunca sé cómo son.
Cuando se desnudan, jamás solas,
son un conglomerado de cosas, una corporación.
Me falta dinero, pedigrí para asociarme.
Me siento incómodo, y al revés. Lo hago todo mal,
como el orden de los dientes,
como el orden de los tenedores,
como lo que hay que decir y lo que callar,
como tener que hacerse el tonto frente a sus actitudes raras.
Yo buscaba una bella sencilla,
una bella que tuviera alma de fea, de cocina antigua,
una que se conformara con las estrellas del cielo,
sin collar. Me cargan los círculos.
Esos enigmas de ellas que no se pueden romper.
Sus conciliábulos secretos, llenos de espinas,
llenos de susurros en la oscuridad.
No entiendo ese lenguaje de plumas.
Me gustan las personas francas, que al darlas vuelta
son iguales por dentro.
No importa si son amarillas o azules, delgadas o gordas.
Pero estas bellas no se dejan desembarcar.
Son resistentes a todos los ruegos hospitalarios,
a todos los taladros mecánicos.
Son como una flor hecha de una sola pieza.
De un aroma irrompible.
No se ajan; se van perdiendo en la lejanía
sin disminuir, contra todas las leyes de la perspectiva:
mientras más se alejan, más grandes.
Sus cuerpos no caben en mi alma de niño.
Y cuando están junto a mí, son pequeñas,
apenas de cuatro palabras, como la Vida,
o de seis, como la Muerte.
No sé si necesito la ayuda de Dios o de un cerrajero
para entenderlas.
Pero se me va la vida, y, tarde en la tarde,
una mordida de ternura, de nostalgia me reúne con ellas.
Les perdono todo. Y la muerte continúa igual.
Reemplazo a su padre, a ratos.
Me siento una monedita de oro en la fragua,
aunque, a veces, no tengo silla, de tan transparente.
Ellas son como la mano del dado
que nunca se sabe en qué números va a caer.
No he conseguido aun una mujer,
sino apenas la tómbola de la lotería.
Todo pasa tan rápido.
Su amor se desvanece de pronto, y, otras, resurge
como la fumarola de un volcán.
Busco mi sosiego rubio,
y los dedos se me enredan en sus nudos, en sus collares de perlas.
Nada me dice cuál es mi capital. Si voy en caída como el dólar.
Que venga Dios o un cerrajero a ayudarme.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
12/06/2008
CORAZON DE BOLSILLO.

Este teléfono, que es mi corazón
de bolsillo,
lo llevo a todas partes, encendido, apagado,
pendiente del humo, como una chimenea sin hogar,
esperando la ternura cabal del día.
Pongo atención a la voz que no se escucha
subir en la marea de la hierba feroz,
cuando cruzo la avenida solo,
decirme cosas blandas, dulces cosas ignoradas,
voces de alivio y de perdón.
Si Dios sabe mi número exacto
¿me hablará algún día sobre mis zapatos?
Cuando todavía estoy en guarismos de ángeles,
podría plantearme sus tesis de agrado.
Voy, camino de bruces, busco entre las hojas,
y nada.
Hurgo el bulto de su voz en mi esqueleto,
y negrea, regresando, una ausencia de pantalla oscura.
Dos fierros rotundos,
un quejido de quién, agonizando.
Todavía, cuando le habla la naturaleza al pájaro
como una madre al hijo,
me queda mirando a mí
con su cara de plato el silencio.
Pasos que se pierden en el bulevar.
Sangre fresca que entra en las vitrinas para desmayarse.
Y se prueba tanta ropa la adversidad,
para no comprar nada, sino el miedo de ayer.
¡Qué linda la que pasa!
¡Esa que no viene para mí!
Ni en cuarto secreto cigarro.
¿Será que la empresa quiere dejarme sordo
y me entregó un buzón de voz sin destino?
Me entregó este estuche con un cadáver dentro,
pequeñito, pequeñito como yo mismo era antes.
Dos piedrecitas para raspar la chispa de mi entusiasmo menor.
¿Y tengo yo por tarea encender la pradera?
¿Tengo que responder, respondiéndote?
Apenas escucho mi segundo corazón bajo el sonido
del tambor primero,
y con el gusano que roe mi sien.
Negra pesadilla. Es justo cuando cambia la marea
del sol, y asoma en gerundios.
Cuando cecea la sombra de un gemido que asoma.
Y entre tos, me dice que no vendrá.
Que se ha enfermado el árbol de su origen, y un líquido
amarillo corre en mi bolsillo de hombre.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
29/05/2008
ARTE POETICA.

Que el verso no sea una excusa para nadie,
ni para llegar a costa de los demás
a las puertas entreabiertas de los cielos.
¿Vamos a desear otros mundos mientras asaltan en éste
a un pobre jubilado a domicilio?
Si ya tenemos un planeta averiado, mejorémoslo.
Lo que no puede el adjetivo, lo hará el cuchillo o el revólver.
Vivimos bajo el signo de los pillos.
Cuando el juez deja libre al asesino, me está matando también a mí.
El honor y la decencia cuelgan de los muros
enmarcados en una lengua muerta.
Mas no por eso perdamos la esperanza.
Nuestro vigor verdadero reside en la billetera del Ministro de Hacienda.
Dejad que Sandro le cante a la rosa. Nada como sus arrullos.
Y ojalá que no fume tanto.
Todas las cosas nos pertenecen
mientras no nos las roben ¡aunque suene a perogrullo!
Poeta que no plagia, nunca ganará el Premio Nacional.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
23/05/2008
HERRADURA DEL PAVOR.

Cierto sonido estridente de mi juventud todavía no me deja dormir.
Es como un barco encinta que debiera haber parido hace cuarenta años
una casta manada de sirenas
y sólo ha dado a luz hordas de turistas desembarcados en hawaii o en Alaska
con sus cámaras fotográficas frías, matemáticas,
y sus ojos que miran en marcos alemanes o en rublos rusos.
Ah y también un espejo de cuerpo entero
donde podría quedar prisionera la Muerte, si algún día se contemplara en él.
Pero solamente a un hombre en todas las vidas de los hombres
se le vio entrar allí y se convirtió en santo inmediatamente
y subió al Cielo en las ancas de una nube hembra.
Ese mismo sonido estridente da origen a los pozos petrolíferos en Arabia,
a los camellos que nacen sin orejas y no babean
ni aunque estén muertos de sed. Su pesar es una giba.
De poder, lo hubiera dejado crucificado en un violín.
Me sigue y sigue como una muela cariada a un dentista,
y no duele en la boca del paciente sino en el sillón del especialista.
Dolor tan grande, hijo del sonido. Sonido tan furioso, que desborda el olvido.
Y a veces se manifiesta sólo como una mañana de sol
en plena herradura del invierno, pero sin cejar en sus estreñimientos.
Y luego solfea sus clavos zapateros, sus agujas de coser sacos,
corre el hielo por las paredes, los gritos barnizan los vidrios,
sus filos tienen el hálito del traidor, la indiferencia del verdugo.
Hasta las manos del carcelero tiemblan cuando acaricia a sus hijos.
Cuando nos vemos, lo hacemos llenos de esos sonidos
que no puedo arrancarme de los ojos. Que hacen sentirme víctima
de no sé qué.
Y cuando paso de mi lado a tu lado, de izquierda a derecha,
crujen de metal, de luz, de semilla los puentes
y las nubes de la tarde adquieren el sospechoso color rubí
arrancado del corazón de un inocente.
Tengo pena. Desentono hasta al pronunciar tu nombre hecho de un solo
bloque de espigas.
Hecho de la curva inmácula de una golondrina ciega al vuelo.
Se me ocurre que el pizarrón de los hechos es una calavera.
Que nada me enseñó la tiza al rayar la aurora de mi ignorancia
y que los años de escuela pasaron tontamente a mi lado.
Sólo tengo esta saliva para amarte,
estos aceites esenciales que manan de mi corazón de manatí.
Se me ocurre que soy sordo ante los acordes del tiempo.
Inútil con los pájaros y las flores y los árboles
y el imán del arcoiris.
Que me amas gratis, porque no sabes amar a nadie más.
Porque me quedé pegado delante de tus horizontes.
Y todo mi trabajo fue llenar con mis ojos tus vitrinas
...y hacia donde mires, sólo me ves a mí, y a este sonido furioso que arrastro.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
