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Nevares

CELADA DE LOS MIERCOLES.

CELADA DE LOS MIERCOLES.

En ese fondo de flores donde estás

las espinas cavan en la memoria,

el mar es como un monstruo en reversa

donde se ven pequeñas y ridículas mis rodillas

dobladas sobre ti.

Parece que leyeran las olas un mensaje

¿quién lo puso allí?

Tal vez, un hortelano cansado de la tierra.

 

Se ha secado el pozo excelso de los ojos.

Se viven presunciones inexactas.

Acercamientos de fuegos y de alas,

mariposas metálicas salidas de un taller.

En las orejas, pasadas a cigarro,

quedaron pendientes no pocos sueños.

Ahora los traga el ruido del mediodía

como el de un aserradero.

 

Resulta que la llama del amor es transparente

y quien busca quemarse en ella, debe calcular muy bien.

El peligro de caer en los miércoles es más que evidente,

y el de no volver a ver la luz.

La tierra tiembla de pavor en los puertos.

Y hasta el cielo, tan alto, con su pudridero de águilas

tiene el mentón en retirada.

Te desvaneces en el fulgor de las flores.

 

Siento desfilar los escuadrones de tus pétalos

que se van a alisar otra cabellera.

Y el cucharón es algo mortalmente pegajoso,

con un fondo oscuro de sarro y de cocinas.

Toda la mañana colándose por el corazón de un pajarillo

que trina en su frágil mandolina.

Esfuerzo tan grande del mar por recordar su empuje.

Las caricias sólo alcanzan para formar los acantilados.

 

Y yo no puedo sacar los pies de este estribo

en que se me ha enredado el alma a la hora.

Me seduce sin corazón y sin tablas,

arrastrándome hacia el olvido y los orígenes.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

 

 

ME ANDA BUSCANDO SU SOMBRERO.

ME ANDA BUSCANDO SU SOMBRERO.

Señor tan aburrido no se encuentra

ni en los Avisos Clasificados.

 

Te conquistò antes que sonara la campana.

Antes que se inventara el cuadrilàtero.

Cuando yo ni siquiera sabìa lo que eran los guantes de box.

 

Fue en los lejanos dìas cuando los hombres regalaban bombones.

En plena Edad del Diamante.

 

Y como ahora sabe

que ya perdiò todos sus encantos

( y que yo te echè encima mis dos ojos lànguidos ),

anda armado con una Smith & Wesson,

cal. 38.

 

El es todo un personaje equivocado

de una vieja pelìcula del Far West.

 

 

Autor: Juliàn Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo la responsabilidad del mismo.

EL ESPANTAPAJAROS.

EL ESPANTAPAJAROS.

Al alargarse, tu sombra acuchilla la lejanía

como una daga bañada en sangre tinta.

Sé que mis ojos humanos siguen allí

donde vuelan los pájaros de cola amarilla.

 

No caen mis lágrimas como gotas de cera sobre tu imagen

sólo para no incendiar la floresta.

 

La latitud del mundo queda hecha desde ahora

del temblor de las sienes de la que se marcha

abonando su sombra sobre la tierra.

Y la longitud, la huella marcada por la mirada hospitalaria

del espantapájaros

que no pudo hacerte la señas del adiós.

 

Volverás una tarde para nacer de nuevo

en el bautismo de estas terceras aguas de la pasión.

Mientras tanto, yo devoraré todo lo que sea fijo y amargo,

para arrancarme esta dulzura mal enquistada.

Las sombras que giran más allá de mis brazos muertos como remolinos.

Mis ojos, dos botones grandes e impávidos.

Mi sonrisa, un trapo de otro color, cosido sobre el rostro

con alambres.

 

Y vase alargando tu alma, hasta desaparecer.

Hasta que en el retrato del recuerdo quedan

dos pequeños puntos negros, mínimos, como dos hormigas

que le pican a la pared, haciéndola reír.

Parece temblar como hojarasca mi corazón, hecho de paja.

Y caen unas lágrimas al fin

sobre el maquillaje de mi carne.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.l

TARDE DE AMOR Y DULCES.

TARDE DE AMOR Y DULCES.

Esta tarde canta Gardel

y será más dulce que nunca:

vendrás a tomar un café conmigo.

Luego, haremos el amor sobre el piso.

 

Pero son las 12. Y he salido

por las calles mojadas a acortar el día.

       No he visto asomar ni tu nariz

desde el invernadero donde trabajas.

 

Tampoco encuentro una carta para mí

en el Correo.

Deben haberme borrado ya

de la lista de los míos, del listado de los vivos.

 

¡Qué importa!

Esta tarde de fuego absuelve

todos los errores, todos los horrores

...de los rencores y los olvidos.

 

Tú me quieres. Y voy llorando

de emoción por las calles: es el amor,

el café, los dulces; nosotros dos,

...y Gardel que canta su tango inolvidable.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

EL RIO MAGGIAR.

EL RIO MAGGIAR.

¿De qué me sirve este Danubio?

¿De qué le sirve a mi alma, pregunto,

este Danubio, no azul, sí lejano

y verde como una serpiente de jade?

 

Al niño húngaro le sirve para arrojar

monedas y piedras al agua y desnudarse

y, luego, volver a la escuela, rondar la fábrica,

imaginarse a su madre. Pero a mí,

esta mañana, entre papeles y desperdicios,

cuando he amanecido más grande

y me cuesta doblarme para pasar bajo los mapas,

me duele, corriendo por mi memoria, con sus gemidos.

Y duele con sus colinas llenas de catedrales,

con sus vitrinas sedientas, sus puentes metálicos,

sus barcazas repletas de turistas.

 

¡Qué ganas inmensas de sentir gaviotas,

de ver retozar en sus aguas a un lobo marino!

¡Pero nunca! El día allí es ecuánime, perfecto

en florines, a cien brazas del temblor,

a jornadas enteras de esta humanidad.

Maciza historia que devana la imaginación:

los museos, al aire libre. Sus muertos ilustres

viven a diario. ¡Trigo en los pedestales!

¡Tanta voz que se levanta en cada grúa!

¡Fuentes y gitanos, una misma cosa!

Una ciudad errante en cada café. ¡Orgullosos de su orgullo!

 

Nunca maldije tanto no hablar

ese idioma de sílabas asfixiantes.

La tuve conmigo, y no besé a una madre

en su frente. Vieja como una sabia rodilla.

 

Caminando la ciudad, pueblos enteros,

no hay nada que descubrir con esta ambigua cabeza.

Hay que descender a sus várices,

dejarse caer en sus miedos seculares,

trepar hasta su dura espiga y esquivar el mal.

Afuera, como en todas partes, venden

sonajeras, tarjetas al pasar, estrellas congeladas,

triste ropa de Taiwán...., reflejos del ser nacional.

 

El Danubio repercute hasta aquí,

sucio de paredes, ambicioso de ímpetus.

Es por ese afán, ese padrinazgo de los ríos,

ese oficio de sonar bisagras, como notarios de la tierra.

Humea en mi soledad y en mi silencio,

hace crujir sus botas,

dando un último relincho en sus escaparates

con olores a lozas y a libros,,,,y desaparece.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.

ESCRITOR INVITADO

ESCRITOR INVITADO

Ricardo Díaz Quezada

Nació en Río Bueno, cerca de Osorno ( 7 de diciembre de 1942 ). Se da a conocer como poeta católico-carismático. Avecindado en la ciudad de Antofagasta desde noviembre de 1978. Inició su caminar en las letras con el grupo literario Nueva Línea, y una vez trasladado a tierras nortinas, integra Salar de la Poesía ( presidiéndolo por varios períodos ). Luego fue cofundador de la Sech, filial Antofagasta y colaboró activamente en la formación de la  Asociación de Escritores del Norte ( Asen ), de la cual también fue el máximo dirigente. Su poesía, caracterizada por una fina ironía psicológica y social, como también por una impronta lúdica, ha merecido variadas distinciones a nivel regional y nacional a lo largo de los años.

Libros publicados, todos de poesía:

Extraño túnel ( 1985 )

Poemas para sacar de quicio ( 1992 )

Haciendo memoria ( 1995 )

Poemas de Díaz ( 1998 )

 

BASTON

A medida

que envejezco

se me asoma

un simio

de tres brazos

prensibles

y de ceño fruncido.

 

BUEN PROPOSITO

Murciélago

condenado

a cinco

años luz

y un invierno,

por chuparle

el néctar

a una mariposa;

rehabilitado ahora

por el hermano colibrí,

anida nobles propósitos

y aspira a  convertirse

en jardinero.

 

PRETERITO IMPERFECTO

Antes yo creía

que el pasado era

cosa de viejo

el presente cosa de niño

y el futuro un tubo mágico

para disparar los sueños.

Ahora en cambio  sospecho

que el presente es sólo viento

el futuro un pasajero triste

y el pasado

la verdadera respuesta

a todos mis sueños.

 

MATAMOSCAS

Añorando estoy

mosquitas muertas

como una telaraña

que con mucho brillo

y secreciones

las empantana.

Añorando estoy

mosquitas muertas

pero sin alas.

 

Autor: Ricardo Díaz Quezada.

Derechos Reservados de Autor bajo la responsabilidad del mismo.

 

 

EL CORAZON Y EL RELOJ

EL CORAZON Y EL RELOJ

Se le caen como perlas negras las horas al reloj

y uno escucha el impulso de su propia sangre

mientras siente dormir con un sueño estéril o lascivo

a los otros huéspedes en sus tristes piezas de noche.

 

Se me viene a la memoria un barco de condenados,

bronceados cautivos atados a sus remos.

Una abeja grande se ha metido en la recámara

y vaga sin consuelo entre las sombras, amenazante.

 

Mañana despertaremos, perdidos en algún punto del Mar Indico;

la boca, un estropajo reseco.

Pero hoy lo que nos marca son los hierros del sueño

y el peso de la noche estrellada afuera.

 

Hemos apurado el amanecer, que se niega, a punta de cigarros

y leyendo mal, y a ratos, el mismo libro interminable,

hasta que se acaba el aceite de la lámpara.

El reloj es corazón de profundidades

del silencio del otro lado de la pared parietal;

y el corazón, un reloj que bombea mecanismos sin sangre en las arterias.

 

Mañana, con el sol, veremos qué cosa nueva trae Navidad

lejos de casa,

pero más lejos todavía de la razón,

que nos obliga a dormir en un rincón, como esclavos.

Quizás la voz sea la aguja que descose la realidad

y nos devuelva el corazón al pecho, donde debe estar,

y reponga al viejo reloj sobre la repisa.

Las sombras vuelvan a ser esas viejas amigas que nos conducen al puerto.

 

Las calles se tenderán junto a los árboles

y los semáforos nos guiñarán la bienvenida.

La luna, una rodaja de queso envuelta en papel de regalo.

Crecerá la luz sobre el pesebre de los pobres

hecho con palitos de fósforos,

y la Esperanza nos dará una tierna mordida de manzana.

 

Será todo tan calmo, elàstico y bello,,,

que nos daremos hasta el lujo de unas lágrimas

que empañarán nuestro espejo.

Me dirás por teléfono que me amas. Y todo será perfecto.

La abeja habrá escapado por algún orificio de mi ser

...y el mar estará descansando a los pies del puerto.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

 

FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y DE AÑO NUEVO A TODOS MIS LECTORES. QUE DIOS LOS BENDIGA JUNTO A SUS FAMILIARES Y AMISTADES

EN LA FIGURA DEL NIÑO EN EL PESEBRE. JULIAN ROJAS

 

 

 

 

ESTAN COMIENDO FLORES LOS CABALLOS DEL INVIERNO

ESTAN COMIENDO FLORES LOS CABALLOS DEL INVIERNO

La muerte se ve venir entre las sombras arrebujadas.

De repente se detiene ante nosotros

con sus espuelas de plata,

como un perro que nos ladra furiosamente.

 

Están comiendo flores los caballos del invierno.

Curiosamente, el agua es menos salada en los puertos de embarque.

Nos arrojan besos desde el otro lado de la calle

personas que no habíamos visto antes.

 

Son los signos inequívocos del porvenir.

Sólo nos podemos equivocar de papel y de tinta.

Ese sentido de humor tan especial que tiene la Mentirosa.

Nos pone ramos de azahares inolvidables frente a los oídos

y ante nuestro olfato herido una puesta dorada de sol,

para luego perdernos,

confundiéndonos de lugar.

 

No importa, decimos. La vida es sólo una peregrinación

donde atrapamos al vuelo los materiales definitivos:

un rayo de sol, un carámbano de luna.

Ciertamente, no nos sirven para el después

ni las llaves plateadas ni los utensilios.

Es más importante mirar los caballos

comiéndose las flores delicadas del invierno.

Atender los saludos que nos lanzan desde el otro lado de la calle.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo responsabilidad del mismo.

LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

La totalidad de las palabras es igual a la masa de la luz.

Tendrán que persignarse antes de escribir una carta, un poema,

como lo hacen al comer un pan.

 

Un poema es un acto sagrado.

Una redención de sirenas. Una migración de ballenas.

Un árbol que abre sus brazos al viento

y respira por la paz de todos los océanos.

 

Un pajarito que trina en mi corona.

Y sus trinos llenan los confines del infinito.

La majestuosidad serena de un camino.

Mis manos, espigas sencillas, y complejas de órdenes.

El paisaje que envuelve mis leyes

y a cada cual le entrega lo que le corresponde.

 

Y a causa de unas traiciones que verdearon mi sangre

un día común, cuando yo era un hombre,

de canasta de frutas y de mercado,

te dije con mi voz humana y contrariada:

Hoy prefiero la tumba a tus engaños.

Borraré para siempre tu nombre de la faz de la tierra.

Nadie más volverá a llamarse así.

 

Sin embargo, mi amor por el resto de las criaturas

se multiplicará como la hierba, como el musgo.

Algunos tendrán dos primaveras en el año,

y cuando se muera su amor, le sucederá otro.

Ya no existirán los viudos.

 

Alégrate, hija mía, del poder de tu traición.

La culebra será la taquígrafa oficial.

Y tan pronto lleguen a mí los deseos acongojados

serán satisfechos uno a uno. Ya he hablado.

 

Al que ame de verdad le será entregado,

a causa de su fidelidad en mí, que es el Otro,

el poder original de la palabra.

Podrá abrir con ella todas las puertas,

a condición de que conserve su corazón puro.

 

Hacedlas restallar en el poema, en las cartas.

Las palabras traen en sus lomos dromedarios

la excelsa luz del Oriente.

Desintoxicadlas, hijos míos,

haced bruñir sus carnes que están envueltas

en el mal aliento de los deseos bajos.

 

 

 

Cuando todo se haya logrado, volveré de mi tumba.

Hoy es sábado.

Despertaré mañana mismo a verlo resplandeciente todo.

¡Escriban, escriban, escriban,

lo que yo os dije con mi voz de arena!

 

Para que vuelvan a brillar las sirenas en el mar.

Para que vuelvan a galopar los unicornios en el bosque.

Y que cada momento se una a otro.

Escriban, no sólo para el hallazgo y la verdad,

también para la continuidad. Para la contemplación.

Para el gozo.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA LOCA DE LA CASA

LA LOCA DE LA CASA

Las letras que ven el doble blanco del papel encima

cuando duermen en los ataúdes a vela de los libros.

 

¿Cómo al pensamiento, así aprisionado, no se le congelan las alas, los pies?

En toda lectura se produce un rescate mayor,

más allá de la falsa oxigenación de las palabras dichas.

Porque, en rigor, hermanos míos, se hablan puras leseras.

Se habla, se habla, se habla sin ningún sentido, alivianándose uno de la carga

sin avanzar un solo metro en el océano.

 

Los automovilistas cada día

salen a perseguir peatones en las calles

y los fotógrafos, con caballos de palo,

a los alucinados turistas.

 

Esta manía que tienen todos, ¡todos!

de jamás salirse del surco donde giran.

Mientras la loca de la casa imagina, imagina

¡demás!

 

Como cuando te digo te quiero

y te quedas recluida, preocupada de los hijos y de las ollas.

Como si no hubiera más mundo que descubrir.

Una tierra distinta. Una Narnia más allá de tus enfermedades.

Lo rumorea la brisa de la mañana.

Siento que hierven las espinas de unas rosas que jamás hemos visto.

Mientras leo en mi pieza,

atado a la cama, a la silla, como un paralítico.

 

La loca de la casa,

ociosa en el paladar.

La empuñadura de una espada silenciada de aventuras.

Los blancos ataúdes a vela hundiéndose en el mar.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo responsabilidad del mismo.

UN CABALLO LLAMADO TRISTEZA

UN CABALLO LLAMADO TRISTEZA

El plato de tallarines hace cantar al perro de la casa

como si fuera un tenor italiano,

mientras llueve en la mañana

y las olas del mar intercambian entre sí

ramilletes de flores y argollas de plata.

 

Me quedo quieto sobre las teclas de esta máquina,

a ver

si tus ojos de los retratos

me mojan con su nostalgia también a mí,

como ese cascabel de gotas

con que el niño que ya partió hacia el Cielo

celebra su nuevo cumpleaños.

 

Las paredes de mi pieza se sostienen en pie

envalentonadas con mi sangre.

Todo parece igual desde la partida de mi nacimiento

y a la llegada de mi largo viaje por el mundo.

 

Humedad y semillas

en el abrazo

que se dan para emparejar el marcador desigual

la Vida y la Muerte.

Mis brazos te esperan, agobiados como los guantes,

como los cinceles, como los martillos bajo el catre.

 

Las sombras están atadas en sus amarraderos habituales.

¡Qué parece este lugar!

Un barco carenado de paciencia.

En lo alto, la corona de las esferas ciegas.

Y, tirando desde mis pies, el lastre del silencio.

 

Ramonea entre las hierbas altas los tréboles más tiernos,

el caballo del vecino,,,,,

que se llama "Tristeza".

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo responsabilidad del mismo.

 

 

EL DIA ESTALLA

EL DIA ESTALLA

Otros dos ojos me miran en la pared:

el reflejo de mi rostro en tu retrato.

 

¿Quién ataja al incendiario

para quien es sólo un carnaval enmascarado el nuevo día?

Basta que su sombra roce los alhelíes, y estallan.

Corren los horizontes al destete de la aurora

impulsados como los delfines sobre las olas.

 

Quisiera ir a verlos, pero me quedo a tu lado para crecer

y ponerme a la altura de tus cabellos, que me han aventajado.

Algo frío se desliza por mi frente:

debe ser la madurez que recién me florece.

 

Cuando pronuncio tu nombre comienzan a desatarse

los nudos de las hiedras en los muros.

 

Los niños están más cerca que nosotros de la magia.

Pero, abstraídos en sus juegos,

son demasiado jóvenes para recordarlo.

 

Hasta la ceniza tiene que disfrazarse a su lado.

La ceniza, que todavía tiene el grito del incendio

quemándole los labios.

Y cerrada como está, la esfera del reloj

nos impide a todos ver nada de lo que ocurre al otro lado.

 

A través de los años avanza a ciegas nuestra edad.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo responsabilidad del mismo.

SE ME ACABO EL SENCILLO

SE ME ACABO EL SENCILLO

En los confines de las ollas muere el sabor disuelto en metal y en vacío.

Yo creo que los dioses están más a gusto en la cocina que en la sacristía,

por esas delicatesses y condumios

que los hacen desear ser humanos,

aunque a ciertas horas del día.

 

El tiempo, en tanto, marcha con las manos en los bolsillos

como un apacible aldeano.

El tiempo se asemeja más a una tortuga que a una liebre.

Y dormita dentro del ataúd sin ninguna incomodidad,

esperando eternizarse para cuando llegue su inquilino.

 

Qué nervio este siglo de puras pruebas, físicas y espiritivas,

de saltos ornamentales desde el jarrón hasta la silla,

con algunas fracturas intermedias, y muchas,

muchas, muchas, muchas, muchas

cuentas que pagar.

 

Ayer he recibido una carta desde el Olimpo,

y aunque venía sin ninguna escritura,

pensé...¡qué raro!

A mí que jamás me saludó ni un obispo;

a mí que sufro del mal de las alturas.

 

Y como el tema inevitablemente caerá en política o en amor,

apago mi cigarro, me echo al hombro los bártulos,

y aquí me despido. No tengo nada más que contar.

Adiós...,good bye.

Se me acabó el sencillo.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

CALAMAR

CALAMAR

Me sumerjo en tinta cada noche para ser

ese tranquilo y hacedor animal que te prometí,

en paz contigo y con las palabras,

que apenas nos reconocen entre sus filas.

 

Me quedo atónito mirando la mitad del día

boca abajo,

los rayos de luz que se filtran pulsando mis botones,

buscando, tanteando en las costuras del hombre que fui.

 

Hay mucho movimiento e inquietud de fuegos;

muchas estrellas colapsando en una realidad cada vez más pequeña.

Y es difícil saber dónde está el enemigo,

no sólo cuando calla; sobre todo, cuando sonríe.

Cuando al darnos la última paletada de tierra,

lo hace como si nos echara sobre el lomo un abrigo.

 

Me sumerjo en la tinta para mantenerme puro,

así como los verbos huyen, dando gritos, de los adjetivos.

En esta gramática feroz con quien más me identifico

es con ese molusco llamado calamar.

Y entre todas las aguas, azules, saladas, desnudas,  prefiero las profundas,

adonde no llegan los anzuelos ni las carnadas

ni las preguntas.

 

Mi regla es simple:

calamar que huye no acaba en la ensalada.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

ESCRITOR INVITADO

ESCRITOR  INVITADO

MIGUEL MORALES FUENTES

Nacido en la localidad sureña de Capitán Pastene ( con fuerte presencia de la colonia italiana ) (1939 ). Autor de los poemarios Elegía y Regreso ( Santiago, 1966 ) y de El Herrero y su Noche ( con el auspicio de la Univ Católica del Norte, 1972 ). Fue cofundador del Grupo Tebaida de Arica y de la revista homónima ( que integraron, entre otros, Oliver Welden, Alicia Galaz, Guillermo Ross-Murray y Héctor Cordero ). En Santiago mantuvo las Ediciones Tebaida con siete títulos publicados. Ha sido incluido en la revista "Cormorán y Delfín", de Buenos Aires; en "Mundo Nuevo" ( revista francesa para América Latina ) y en "La Hoja Verde", dirigida por Raúl Mellado. Aparece en VISION DE LA POESIA CHILENA de la "Road Apple, Review" ( Nueva York, 1971 ) y en la muestra antológica de la literatura chilena JUNTEMONOS EN CHILE ( Santiago 1992 ). Sergio Gaytán lo incluye en su libro "14 Autores Nortinos" ( Antofagasta, 1993 ). Hemos cultivado una amistad de años con él, no sólo en los episodios ya pasados de Tebaida; también en la lucha gremial por darle a Antofagasta una Casa para la Cultura, lo que finalmente se logró con ayuda de los artistas de todas las expresiones. Tenemos pendiente un vino fraternal con Miguel. ¿Cuándo será? Cuando lo permitan nuestros respectivos arraigos y esta distancia, no espiritual, tan sólo kilométrica entre Osorno y la "Perla del Norte". ¡Ah, y que sea un tinto bien conversado! ¡Salud, por mientras, Miguel!

LINEA DE SOMBRA

Veo volar, como gaviotas

disueltas en espumas,

olas que sí, que anto,

que fa, olas que gastan.

Y el mar de Antofagasta me brinca,

como fauno, porque dice que sí,

que el roquerío, que el huevillo multi,

que el huevillo color en la resaca.

Esta vez ya no pienso en la distancia.

Sólo me queda el miro,

el anto, el mar de fa,

el mar que gasta.

Mi corazón no sufre,

ya no busco el amor.

-Soy un buey que camina por la playa-.

Y una ola me dice que sí, que sí,

que anto, que fa, que gasta, que

aun puedo amar en la resaca.

 

( Del tríptico "Lectura", Antofagasta, Septbre. 1993 )

MAPOCHO

Aprisionado lecho con arcos madrigueras.

Nieve blanca y helada que se tornó lantánica.

Rugidora corriente de sudores deshechos,

de pies atolondrados, del dolor del suburbio.

Yo te canto como si fueras bello

( río amargo y bohemio ).

Mapocho que saliste de las

más sueves brisas, para bajar

después y vestirte de harapos.

En la noche los astros te rehusan,

la luna queda presa en tus marcos de hierro.

( De su libro "Elegía y Regreso", Ediciones

Tebaida, Santiago de Chile, 1966 )

CUENTO PARA CAMI

Pedro sí que era un hombre raro.

Su rareza no estaba en su mirada

ni en su traje:

Cultivaba una chacra metálica

donde crecían rieles y engranajes.

Poseía un espantajo caradura,

hecho de flores frescas y verduras.

Una vez quiso variar su horticultura

y preguntó a su amigo, el espantajo:

¿Qué puedo sembrar con más ventura?

Y el espantajo dijo:

Trae semillas finas, que

te produzcan hermosas estructuras.

Así fue como hizo

un almácigo de clavos y tachuelas.

Fue creciendo un cebollino de remaches

que produjeron tomates de hojalata.

Pero el sueño de Pedro

era crear un bosque

de antenas gigantescas y alambradas.

Y ante el primer fracaso, prefirió plantar

un rebrote de chuzos y palancas,

que al correr de los días produjeron

una selva de faros y campanas.

( De su libro "El Herrero y su Noche", Edición patrocinada

por la Direcc. de Comunicaciones de la Univ. del Norte,

Antofagasta, 1972 )

AGUAS ORALES

AGUAS ORALES

Cierta flor es la cabeza de un suicida reventada de plomos.

Tal graznido de pájaro, el temblor fibroso del vidrio.

Las elevaciones de unas manos se estratifican como nubes o arden como sapos.

Las peluquerías tienen olor a caballo mojado,

a los astros quemándose en los altares de la lejanía.

Y todavía el amarillo del canario preso en los balones de gas.

Las angustias de algunos bolsillos latiendo en las sienes del hambre.

Del fondo de una noria, que nadie visita, nacen todas las traiciones

que luego subirán a gobernar el corazón.

 

Son elementos comunes: el viento, la oscuridad y el agua.

El filo de una espada y el salto de una pulga.

Una moneda de triste efigie, un pedacito de alambre.

Las horas que rechinan en los rieles de las maestranzas,

y también las bocas de los que duermen con frenillos.

 

La voz de la ausencia que reclama en los vacíos,

cuando las tablas recién cepilladas

no adquieren aun esa apariencia final que las vuelve célebres.

 

Viene el pintor a reunirlas en sus dedos sucios de cenizas.

Cosas tan diversas y que no se conocen entre sí,

como el caballo, la maestranza y la peluquería.

Como la moneda triste, la noria y el salto de la pulga,

el filo de la espada y el amarillo del balón de gas.

Como el canario y la cabeza estallada del suicida.

 

El pintor dibuja, diseña los límites, esquematiza todo en sus aguas orales,

como una madre que gime y un hijo que nace.

Un chasquido en la sombra, y luego la luz;

el temblor del vidrio que acelera la sangre.

 

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo la responsabilidad del mismo.

 

 

FELIZ CUMPLEAÑOS

FELIZ CUMPLEAÑOS

Desde que se inauguró el cielo y alguien encendió las estrellas

que estoy esperando que se cante el Feliz Cumpleaños.

O, tal vez, me equivoque y todavía no llega nadie al velatorio.

Este silencio enorme es más colosal

que el de todos los estadios juntos después de la derrota.

A lo mejor son los preparativos para cuando yo muera.

Y ayer fuiste a cambiarte de traje.

Ayer recordaste tus garras y tu guadaña.

Tu verdadera misión en este mundo.

Tu cuerpo humano ensayó una disculpa.

Me hablaste algo del cansancio, de un nuevo dolor,

del sueño, de un reposo.

Que tú seas la Muerte y no la Vida. ¿Por qué no?

Aun a más de ochenta kilómetros del mar, los árboles luchan contra las olas.

Las calles están cargadas de sal. Y el viento picoteado de gaviotas playeras.

Es la misma lejanía a mi infancia. Sólo que ahora con los huesos al revés.

En actitud de recogida.

Con ángeles revoloteando a mi alrededor. Y estrellas que no se deciden si a cantar o a llorar.

Mis viejas neuronas que no dan con tu evasiva.

Mis piernas agotadas que no alcanzan a saltar el muro

de tu franca retirada. Y en vez de acudir a mí mi madre, huye.

Derrama sus sonrisas en una galaxia infinita

al final del corredor familiar,

lejos del dormitorio de los niños, del comedor de todos, tan pronto me desprendo del cordón umbilical.

Me hubieran dado un abrazo como un paracaídas.

Un beso con sabor a todo.

Y enseñádome a rezar con un golpecito de Dios mismo en las espaldas.

Pero no. Sólo me plantaron ante este enorme silencio.

Esta butaca de tribuna para el pleito final.

Y no sé si el partido terminó o todavía no comienza.

 

Autor: Julián Rojas.

Derechos Reservados de Autor

bajo responsabilidad del mismo.

LA EDAD DEL HIELO

LA EDAD DEL HIELO

Yo martillaba los números de un pariente mío

con los abundantes años de mi apellido y la escasa edad de mi talento.

¿Cómo convencerlo de que el mundo tiene otras orillas

y es más ancho y más libre que el país del cálculo.

De que hay otras cosas a la vuelta de la rígida pared del Debe y el Haber?

Lo mismo me pasaba con una amiga loca

por los gatos y los perros,

para quien el horizonte limitaba con los muebles de la casa,

o, en todo caso, no llegaba más allá del parachoques de su automóvil

y de la odiosa tabla de planchar. Tableteo del domingo.

 

En ese tiempo se me veía remendado de ilusiones,

delgado como una espiga, primorosamente teñido de mis canas,

regalado a quien me quisiera en mis versos.

Y además debía de enseñarles estas cosas de la vida a ellos,

a ellos que ya eran suficientemente grandes y viejos y llenos de mañas.

Yo tenía que explicarles por qué arden las estrellas.

Tenía que ser, además de poeta pobre, dibujante y astrofísico filosófico,

y esperar para mí que la aurora produjera sus milagros,

siempre en beneficio de mi soledad.

 

No soy hábil con el martillo,

aunque fui capaz de construir una casa,

naturalmente que para perderla,

para desprenderme, como si fuera un mal congénito, de ella,

entre otras no menores urgencias.

Me encontraréis podando rostros en el jardín de los hechos,

cuando la mañana, a su vez, me abandona.

Cansancio. Cansancio de ser.

No he visto más que cadáveres entre los vivos, cuando voy de aquí para allá,

y cuando vuelvo cargando penosamente mis causas.

 

El mundo ya visto por ti, amor, se torna más bello,

pero cierras muy  seguido los ojos.

Me despides siempre  cuatro cuadras antes del final.

Tú declaras los eclipses anticipándote a los astrónomos,

cuando duermes para ti en el último salón de tu casa.

Si te murieras, interrumpiendo mi corazón con tu chorro de arena caliente,

volvería la Edad del Hielo.

Los animalitos domésticos compartirían con los dinosaurios sus juegos sangrientos.

Todo esto lo veo claramente,

celebrando el triunfo de mis últimos cigarros

en el rebote vacío de la lata de café,

redondamente, deslumbrantemente lúcido de pavor como una luna llena.

 

Veo cómo se propagan los grandes helechos.

El cielo se vuelve más azul.

Cómo mi reloj empequeñece en mi pulso, hasta desaparecer

y cómo los martillazos contra los números de ese pariente

se acompasan a los latidos, a los brillos del parachoques de los autos,

debajo de tu blusa, en la oquedad donde duermes,

hasta que empiezan a arder mis costuras,

hasta que comienzan a crepitar mis sinergias,

y las grandes masas que nos enfrentan son como una multitud detenida,

con esos ojos, con esos gestos ignorantes, anónimos,

que pasaron de largo ante nuestra historia.

...Y los hielos avanzan a reclamar mi cadáver. Unica pertenencia.

 

 

Autor: Julián Rojas.

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LA SIRENA Y EL MAR ( Alegoría )

LA SIRENA Y EL MAR  ( Alegoría )

Toda la noche llevo esperando que se abra el mar

y que salgas con los senos encendidos,

bañada de espumas y gaviotas, con tu cola de pez

y un delfín en cada glúteo.

Como espera el ciego la aurora,

con sus tiernas manos, rosadas y pedigüenas,

las arenas se arrodillan ante este nuevo signo.

Los peldaños serán de otra forma, menos miserable,

y las angustias, ¡todas!

se disolverán en la miel de los acantilados.

Hasta Dios pondrá al día sus cartas de navegaciones;

otro será el contenido de las botellas de vino.

La luz, encerrada en el pequeño relámpago del vibrator,

llegará para campanear las oscuridades de cada convento,

transformando las dudas del rezo en mariposas de papel.

Y cuando tú salgas, estará completa la fiesta de todos.

 

Habrán arado ya el mar los laboriosos coleópteros

y el pan brotará desde las espumas en suficiente cantidad.

Otros ordeñarán las nubes

y los demás espigarán las duras cercas en que tropezaba la propiedad.

Faltarán bocas para comérselo todo

y el hambre y la peste se retirarán a los últimos cuarteles del infinito.

¡He aquí que los Libros están vivos,

como fueron pensados!

¡He aquí que las palabras se yerguen como los héroes

desde sus tumbas ilustres!

Que la desnudez ya no es amarga. Nunca lo fue en verdad.

El toque del clarín será cuando tú salgas del mar,

cuando el mar brote con tus senos encendidos, con tu cola de pez

y reparta sus aromas de mujer legendaria,

fecundando de nuevo el mundo.

 

 

Autor: Julián Rojas.

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RENACER EN EL OTRO

RENACER EN EL OTRO

Me siguiera, persiguiera a mí mismo,

sombra, quebrada taltalina adentro,

hasta la niñez, eso hiciera,

la del trompo sin madera, y más,

la del hombre-mono bailando junto al rugir del fuego,

en la caverna, madre, qué olvido, cuánto dolor

¿y saben para qué?

Para arrancarme la piel, los sueños, los latidos,

los escasos pelos de mi barba,

enfrentando la tarea que me impuso el dios

de Ulises, de Abraham, de Gonzalo Rojas,

servir como soldado a las Letras,

como un esclavo griego, un ilota,

no político ni políglota, atado a mis clases de semántica

y al potro de tortura de la gramática.

Lo viera crecer todo de nuevo, arder

hasta el infinito

las dendritas.

Muriera de este amor,

para renacer en el Otro.

 

 

Autor: Julián Rojas.

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