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SE ME ACABO EL SENCILLO

En los confines de las ollas muere el sabor disuelto en metal y en vacío.
Yo creo que los dioses están más a gusto en la cocina que en la sacristía,
por esas delicatesses y condumios
que los hacen desear ser humanos,
aunque a ciertas horas del día.
El tiempo, en tanto, marcha con las manos en los bolsillos
como un apacible aldeano.
El tiempo se asemeja más a una tortuga que a una liebre.
Y dormita dentro del ataúd sin ninguna incomodidad,
esperando eternizarse para cuando llegue su inquilino.
Qué nervio este siglo de puras pruebas, físicas y espiritivas,
de saltos ornamentales desde el jarrón hasta la silla,
con algunas fracturas intermedias, y muchas,
muchas, muchas, muchas, muchas
cuentas que pagar.
Ayer he recibido una carta desde el Olimpo,
y aunque venía sin ninguna escritura,
pensé...¡qué raro!
A mí que jamás me saludó ni un obispo;
a mí que sufro del mal de las alturas.
Y como el tema inevitablemente caerá en política o en amor,
apago mi cigarro, me echo al hombro los bártulos,
y aquí me despido. No tengo nada más que contar.
Adiós...,good bye.
Se me acabó el sencillo.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
EL DIA ESTALLA

Otros dos ojos me miran en la pared:
el reflejo de mi rostro en tu retrato.
¿Quién ataja al incendiario
para quien es sólo un carnaval enmascarado el nuevo día?
Basta que su sombra roce los alhelíes, y estallan.
Corren los horizontes al destete de la aurora
impulsados como los delfines sobre las olas.
Quisiera ir a verlos, pero me quedo a tu lado para crecer
y ponerme a la altura de tus cabellos, que me han aventajado.
Algo frío se desliza por mi frente:
debe ser la madurez que recién me florece.
Cuando pronuncio tu nombre comienzan a desatarse
los nudos de las hiedras en los muros.
Los niños están más cerca que nosotros de la magia.
Pero, abstraídos en sus juegos,
son demasiado jóvenes para recordarlo.
Hasta la ceniza tiene que disfrazarse a su lado.
La ceniza, que todavía tiene el grito del incendio
quemándole los labios.
Y cerrada como está, la esfera del reloj
nos impide a todos ver nada de lo que ocurre al otro lado.
A través de los años avanza a ciegas nuestra edad.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo responsabilidad del mismo.
UN CABALLO LLAMADO TRISTEZA

El plato de tallarines hace cantar al perro de la casa
como si fuera un tenor italiano,
mientras llueve en la mañana
y las olas del mar intercambian entre sí
ramilletes de flores y argollas de plata.
Me quedo quieto sobre las teclas de esta máquina,
a ver
si tus ojos de los retratos
me mojan con su nostalgia también a mí,
como ese cascabel de gotas
con que el niño que ya partió hacia el Cielo
celebra su nuevo cumpleaños.
Las paredes de mi pieza se sostienen en pie
envalentonadas con mi sangre.
Todo parece igual desde la partida de mi nacimiento
y a la llegada de mi largo viaje por el mundo.
Humedad y semillas
en el abrazo
que se dan para emparejar el marcador desigual
la Vida y la Muerte.
Mis brazos te esperan, agobiados como los guantes,
como los cinceles, como los martillos bajo el catre.
Las sombras están atadas en sus amarraderos habituales.
¡Qué parece este lugar!
Un barco carenado de paciencia.
En lo alto, la corona de las esferas ciegas.
Y, tirando desde mis pies, el lastre del silencio.
Ramonea entre las hierbas altas los tréboles más tiernos,
el caballo del vecino,,,,,
que se llama "Tristeza".
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo responsabilidad del mismo.
LA LOCA DE LA CASA

Las letras que ven el doble blanco del papel encima
cuando duermen en los ataúdes a vela de los libros.
¿Cómo al pensamiento, así aprisionado, no se le congelan las alas, los pies?
En toda lectura se produce un rescate mayor,
más allá de la falsa oxigenación de las palabras dichas.
Porque, en rigor, hermanos míos, se hablan puras leseras.
Se habla, se habla, se habla sin ningún sentido, alivianándose uno de la carga
sin avanzar un solo metro en el océano.
Los automovilistas cada día
salen a perseguir peatones en las calles
y los fotógrafos, con caballos de palo,
a los alucinados turistas.
Esta manía que tienen todos, ¡todos!
de jamás salirse del surco donde giran.
Mientras la loca de la casa imagina, imagina
¡demás!
Como cuando te digo te quiero
y te quedas recluida, preocupada de los hijos y de las ollas.
Como si no hubiera más mundo que descubrir.
Una tierra distinta. Una Narnia más allá de tus enfermedades.
Lo rumorea la brisa de la mañana.
Siento que hierven las espinas de unas rosas que jamás hemos visto.
Mientras leo en mi pieza,
atado a la cama, a la silla, como un paralítico.
La loca de la casa,
ociosa en el paladar.
La empuñadura de una espada silenciada de aventuras.
Los blancos ataúdes a vela hundiéndose en el mar.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo responsabilidad del mismo.
LA TOTALIDAD DE LAS PALABRAS

La totalidad de las palabras es igual a la masa de la luz.
Tendrán que persignarse antes de escribir una carta, un poema,
como lo hacen al comer un pan.
Un poema es un acto sagrado.
Una redención de sirenas. Una migración de ballenas.
Un árbol que abre sus brazos al viento
y respira por la paz de todos los océanos.
Un pajarito que trina en mi corona.
Y sus trinos llenan los confines del infinito.
La majestuosidad serena de un camino.
Mis manos, espigas sencillas, y complejas de órdenes.
El paisaje que envuelve mis leyes
y a cada cual le entrega lo que le corresponde.
Y a causa de unas traiciones que verdearon mi sangre
un día común, cuando yo era un hombre,
de canasta de frutas y de mercado,
te dije con mi voz humana y contrariada:
Hoy prefiero la tumba a tus engaños.
Borraré para siempre tu nombre de la faz de la tierra.
Nadie más volverá a llamarse así.
Sin embargo, mi amor por el resto de las criaturas
se multiplicará como la hierba, como el musgo.
Algunos tendrán dos primaveras en el año,
y cuando se muera su amor, le sucederá otro.
Ya no existirán los viudos.
Alégrate, hija mía, del poder de tu traición.
La culebra será la taquígrafa oficial.
Y tan pronto lleguen a mí los deseos acongojados
serán satisfechos uno a uno. Ya he hablado.
Al que ame de verdad le será entregado,
a causa de su fidelidad en mí, que es el Otro,
el poder original de la palabra.
Podrá abrir con ella todas las puertas,
a condición de que conserve su corazón puro.
Hacedlas restallar en el poema, en las cartas.
Las palabras traen en sus lomos dromedarios
la excelsa luz del Oriente.
Desintoxicadlas, hijos míos,
haced bruñir sus carnes que están envueltas
en el mal aliento de los deseos bajos.
Cuando todo se haya logrado, volveré de mi tumba.
Hoy es sábado.
Despertaré mañana mismo a verlo resplandeciente todo.
¡Escriban, escriban, escriban,
lo que yo es dije con mi voz de arena!
Para que vuelvan a brillar las sirenas en el mar.
Para que vuelvan a galopar los unicornios en el bosque.
Y que cada momento se una a otro.
Escriban, no sólo para el hallazgo y la verdad,
también para la continuidad. Para la contemplación.
Para el gozo.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
ESTAN COMIENDO FLORES LOS CABALLOS DEL INVIERNO

La muerte se ve venir entre las sombras arrebujadas.
De repente se detiene ante nosotros
con sus espuelas de plata,
como un perro que nos ladra furiosamente.
Están comiendo flores los caballos del invierno.
Curiosamente, el agua es menos salada en los puertos de embarque.
Nos arrojan besos desde el otro lado de la calle
personas que no habíamos visto antes.
Son los signos inequívocos del porvenir.
Sólo nos podemos equivocar de papel y de tinta.
Ese sentido de humor tan especial que tiene la Mentirosa.
Nos pone ramos de azahares inolvidables frente a los oídos
y ante nuestro olfato herido una puesta dorada de sol,
para luego perdernos,
confundiéndonos de lugar.
No importa, decimos. La vida es sólo una peregrinación
donde atrapamos al vuelo los materiales definitivos:
un rayo de sol, un carámbano de luna.
Ciertamente, no nos sirven para el después
ni las llaves plateadas ni los utensilios.
Es más importante mirar los caballos
comiéndose las flores delicadas del invierno.
Atender los saludos que nos lanzan desde el otro lado de la calle.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo responsabilidad del mismo.
EL CORAZON Y EL RELOJ

Se le caen como perlas negras las horas al reloj
y uno escucha el impulso de su propia sangre
mientras siente dormir con un sueño estéril o lascivo
a los otros huéspedes en sus tristes piezas de noche.
Se me viene a la memoria un barco de condenados,
bronceados cautivos atados a sus remos.
Una abeja grande se ha metido en la recámara
y vaga sin consuelo entre las sombras, amenazante.
Mañana despertaremos, perdidos en algún punto del Mar Indico;
la boca, un estropajo reseco.
Pero hoy lo que nos marca son los hierros del sueño
y el peso de la noche estrellada afuera.
Hemos apurado el amanecer, que se niega, a punta de cigarros
y leyendo mal, y a ratos, el mismo libro interminable,
hasta que se acaba el aceite de la lámpara.
El reloj es corazón de profundidades
del silencio del otro lado de la pared parietal;
y el corazón, un reloj que bombea mecanismos sin sangre en las arterias.
Mañana, con el sol, veremos qué cosa nueva trae Navidad
lejos de casa,
pero más lejos todavía de la razón,
que nos obliga a dormir en un rincón, como esclavos.
Quizás la voz sea la aguja que descose la realidad
y nos devuelva el corazón al pecho, donde debe estar,
y reponga al viejo reloj sobre la repisa.
Las sombras vuelvan a ser esas viejas amigas que nos conducen al puerto.
Las calles se tenderán junto a los árboles
y los semáforos nos guiñarán la bienvenida.
La luna, una rodaja de queso envuelta en papel de regalo.
Crecerá la luz sobre el pesebre de los pobres
hecho con palitos de fósforos,
y la Esperanza nos dará una tierna mordida de manzana.
Será todo tan calmo, elàstico y bello,,,
que nos daremos hasta el lujo de unas lágrimas
que empañarán nuestro espejo.
Me dirás por teléfono que me amas. Y todo será perfecto.
La abeja habrá escapado por algún orificio de mi ser
...y el mar estará descansando a los pies del puerto.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
FELICES FIESTAS DE NAVIDAD Y DE AÑO NUEVO A TODOS MIS LECTORES. QUE DIOS LOS BENDIGA JUNTO A SUS FAMILIARES Y AMISTADES
EN LA FIGURA DEL NIÑO EN EL PESEBRE. JULIAN ROJAS
ESCRITOR INVITADO

Ricardo Díaz Quezada
Nació en Río Bueno, cerca de Osorno ( 7 de diciembre de 1942 ). Se da a conocer como poeta católico-carismático. Avecindado en la ciudad de Antofagasta desde noviembre de 1978. Inició su caminar en las letras con el grupo literario Nueva Línea, y una vez trasladado a tierras nortinas, integra Salar de la Poesía ( presidiéndolo por varios períodos ). Luego fue cofundador de la Sech, filial Antofagasta y colaboró activamente en la formación de la Asociación de Escritores del Norte ( Asen ), de la cual también fue el máximo dirigente. Su poesía, caracterizada por una fina ironía psicológica y social, como también por una impronta lúdica, ha merecido variadas distinciones a nivel regional y nacional a lo largo de los años.
Libros publicados, todos de poesía:
Extraño túnel ( 1985 )
Poemas para sacar de quicio ( 1992 )
Haciendo memoria ( 1995 )
Poemas de Díaz ( 1998 )
BASTON
A medida
que envejezco
se me asoma
un simio
de tres brazos
prensibles
y de ceño fruncido.
BUEN PROPOSITO
Murciélago
condenado
a cinco
años luz
y un invierno,
por chuparle
el néctar
a una mariposa;
rehabilitado ahora
por el hermano colibrí,
anida nobles propósitos
y aspira a convertirse
en jardinero.
PRETERITO IMPERFECTO
Antes yo creía
que el pasado era
cosa de viejo
el presente cosa de niño
y el futuro un tubo mágico
para disparar los sueños.
Ahora en cambio sospecho
que el presente es sólo viento
el futuro un pasajero triste
y el pasado
la verdadera respuesta
a todos mis sueños.
MATAMOSCAS
Añorando estoy
mosquitas muertas
como una telaraña
que con mucho brillo
y secreciones
las empantana.
Añorando estoy
mosquitas muertas
pero sin alas.
Autor: Ricardo Díaz Quezada.
Derechos Reservados de Autor bajo la responsabilidad del mismo.
