Se muestran los artículos pertenecientes a Noviembre de 2007.
EL BARCO LASTRERO

Atomo del cristal, tan perfecto y falso a la vez,
que enceguece de su verdad incombustible
a los que sólo ven
los tallos inocentes de las ventanas.
Tu olvido, agusanado
por las tercas bisagras
que abren los dos pétalos de tu blusa
a un ritmo y sonido que olvidé.
Yo, en vez de dormir tu ausencia,
pongo en pie mis gónadas marítimas,
y me place el escuchar el canto matutino
que hiela mis huesos, como un pájaro de metal, en la bruma.
Y digo "Salud!" con la misma fría cerveza
arrancada al sol en un día de su eclipse.
Ah cálida, caliente llave de los abismos
que huronea en la oscuridad con un tenedor fijo!
Las rayas de mi camisa se mueren de sed.
Ya perdí la clave de tus pontones
y la calma de la tarde se vuelve invadeable.
Recuerdo la edad en que bajaba de las colmenas,
urgido por la voz dominante de mis años
que me declaraban un niño ya mayor.
Cuánta saliva no derramé en tu homenaje,
y noches absolutamente desleídas bajo los ácidos!
Y ahora, todo vuelve con tu silencio,
aunque ya no sueñe con azules.
El siglo diecinueve,
la gran bolsa de cabritas en el cine mudo.
Vuelven el pesar y el olvido,
las cuatro calles aburridas del pueblo,
el lento barco lastrero de mi tiempo.
Oh crueldad del crecimiento en vano!
Oh abejas contaminadas de sueño!
Oh paquidermo orgulloso y arrugado lentamente,
caminando con un bastón, herido sobre la nieve!
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
EL MUCHACHO DEL GRAFFITTI

Escribía sobre el muro: "¡MUERAN LOS VIEJOS!". Con la V de vil, intentando matarnos a todos. A Heráclito, a Parménides, en su miserable mensaje.
Tercié, explicándole que el buen Sol también era viejo.
"Entonces, me cago en el Sol", respondió.
Razoné, hablándole del Amor, la Patria, Dios. Por último, de su madre ( a quien ni siquiera conocía ). "Todo está hecho por viejos, es cierto...,pero no sólo para los viejos".
Se burló de mí, de mis canas, de mis arrugas.
Continuó ensuciando el muro, la ciudad, el cielo...Ignorando que la Libertad es mucho más que una estatua en Nueva York.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
AL ENCUENTRO DE CESAR VALLEJO

Cierta misteriosa cuchara que se nos apareció sobre una tumba en el cementerio de Montrouge, en París, nos pareció ser un signo inequívoco del reencuentro con César Vallejo, el gran poeta peruano. Creíamos que sus restos reposaban en dicho camposanto. Error: fueron ellos ( en abril de 1970 ) trasladados al de Montparnasse. Allí descansan junto a los de Alekhine ( ajedrecista ), Beckett y Ionesco ( dramaturgos ), Hachette, Flammarion y Larouse ( editores ), Citroän ( industrial ), la actriz Jean Seberg, el músico Camile Saint-Saens y los escritores Baudelaire, Simone de Beauvoir, Julio Cortázar, Marguerite Duras, Maurice Leblanc, Guy de Maupassant, Jean Paul Sartre y Tristan Tzara, entre otros célebres.
París bien vale dos cementerios. Estábamos allí sin preocuparnos de la hora de almorzar, en plena ingesta espiritual. "Yo les llamo a los muertos mis amigos / y les llamo a los vivos mis verdugos ".
Sobre la tumba de Cortázar, un "cronopio", formado por discos sobrepuestos ( ¡qué imaginación! ). Cigarrilos, fotos, poemas,tickets del Metro,,,sobre la del gran Baudelaire; hojas secas en la tumba compartida de Sartre y la Beauvoir ( " nos dormiremos juntos, como dos hermanitos" ). Todo muy bien. Todos en su casa. ¿Y Vallejo? ¿Qué hace "El Cholo" en tierra ajena a sus raíces, a su mestizaje, a su americanismo? Perú debe repatriar sus sufridos huesos y rendirle el público homenaje que se merece más allá de toda duda. Argentina tiene la misma tarea con Julio Cortázar.
Autor: Julián Rojas.
Artículo publicado en el diario El Mercurio de Antofagasta ( 22/10/1997 )
con el nombre de Héctor Cordero Vitaglic.
Derechos Reservados de Autor.
ALADINO

Puedes cortar manzanas con la mirada.
Me iría a París a llorar.
Estoy vendiendo una a una mis cadenas, para entonces.
Transformando mis penas en oro.
El compás de la tierra se ha quedado roto
y muere de frío el zorzal en el sombrero de copa.
Agria tu mirada hasta el revés de la lámpara
y Aladino huye como un cometa,
como un recién operado
al que no le han dejado nada adentro.
Tu ausencia es más honda que un somnífero.
Tu ausencia tiene como cien leguas de fondo,
con el peso de todas las auroras.
Tu ausencia tiene el aroma de una cama de hospital
donde las rosas se emborrachan de muerte,
y hay alfombras que se apoderan de nosotros desde los pies.
Hay ese miedo que nos hiela la sangre.
Hay inmensos farellones entre tú y yo, latigazo de la luz afuera,
desiertos desconocidos de otros planetas llenos de silencio.
Lo que no dices tiene su sangre todavía más espesa
que el rumor ciego de tu próximo movimiento.
Que tus ojos que me miran desde el Polo.
Estoy vendiendo una a una mis condenas,
y dejando para el final de la subasta
tu prometido corazón de grafito
y los alaridos que di bajo la nieve.
La forma de copihue de nuestro embeleso.
Las telas del aire que me dieron cobijo.
Estoy vendiéndolo todo
y otra vez la lámpara se queda sin palabras,
en la oscuridad total de la gramática.
Blanca desde la primera hasta la última página.
Más negra que una copa de vino en las manos de un ciego.
Más oscura que la noche al final del camino.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
LA VENUS DE MILO

¿Tantos abrazos descomedidos te dieron
ese Año Nuevo en tu isla calcárea,
que te rompieron los brazos?
Quienes hayan sido fueron muy crueles,
pero sabían mucho de arte.
Esbelta,
preciosa,
perfecta...
Tú, que ni siquiera te atrevías
a comerte las uñas...¡Mira en lo que acabaste!
¿De qué otras cojeras manqueas
y a una cuarta tan sólo de la fatalidad?
Ahora,
encerrada, castigada en las sombras del Louvre,
cómo vas a sujetar tu vestido que cae
venciendo la poderosa fuerza de gravedad de tus senos?
Te sacaría a bailar,
pero al tocar tu cintura siento heladas de estupor mis manos
( o como se diga en francés ).
Te sacaría a bailar
si no estuvieran fieles los guardias
de azul vigilándote con su mirada de cincel.
Nunca una mujer nos dejó tanto en el alma,
de la espuma del mar,
de la proa de un barco.
Allí, donde debes estar,
...y no encadenada al silencio de tu salón.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad de él mismo.
DOCE CAMPANADAS

Suenan doce campanadas junto al río.
El tiempo, matemática pura,
huye de la vejez oprobiosa del reloj.
La vida se echa a volar en un reguero de plumas,
con todas sus ternuras, con todas sus torturas,
y desde el corazón de una viuda,
cual si fuese un torreón sombrío.
En el lago, saltan,
estremecidos,
unos peces de plata.
Los cipreses cantan letanías
que el rumor del viento vuelve más amargas.
Tras los ventanales amarillos,
la mayoría duerme,
algunos gozan,
...otros expiran.
Y yo, el vidente de todos,
el guardián de sus sentimientos
apenas alcanzo a garrapatear estos versos impares
que hablan de amor y de abandono,
de muerte y de maravillas.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
LA COSA EMPIEZA MAL DESDE LA BIENVENIDA

La cosa empieza mal desde la bienvenida,
desde que te arman el casco;
cómo mamá te protege debajo de gruesas chombas y pezuñas,
acorazado por el machismo. Un Manco Cápac
en aguas infestadas de tranquilos turistas.
Seamos sinceros: toda ecuación de vida es íntima, personal,
aunque lo desmientan los resultados,
aunque digan otra cosa los números pitagóricos.
Uno compite consigo mismo, no con los demás.
Por eso, la muerte sólo tiene que empujar del otro lado
de la puerta, y ya está.
Como las polillas, nos quemamos en la luz de nuestra propia conciencia.
Algunos exagerados - nunca faltan - hablan de un fanal.
¿Notan que estos versos marchan con el freno de mano puesto?
Vamos cayendo por el aire ¡qué quieren!
Nos estrellaremos nada menos que contra la Nada.
Vamos con el peso de las enciclopedias
y de los marcos gruesos de nuestros lentes.
El nombre que nos pusieron no hace sino aumentar la gradiente.
Y si la fecha llega a coincidir con el aniversario de algún dolor, del hambre...¡ni qué hablar!
Será mejor que se trate de un día cualquiera,
anónimo, de overol, de trabajo.
Un día que tenga, por ejemplo, la palidez de un sábado.
Que nieve o que llueva, no importa tanto.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
RENACER EN EL OTRO

Me siguiera, persiguiera a mí mismo,
sombra, quebrada taltalina adentro,
hasta la niñez, eso hiciera,
la del trompo sin madera, y más,
la del hombre-mono bailando junto al rugir del fuego,
en la caverna, madre, qué olvido, cuánto dolor
¿y saben para qué?
Para arrancarme la piel, los sueños, los latidos,
los escasos pelos de mi barba,
enfrentando la tarea que me impuso el dios
de Ulises, de Abraham, de Gonzalo Rojas,
servir como soldado a las Letras,
como un esclavo griego, un ilota,
no político ni políglota, atado a mis clases de semántica
y al potro de tortura de la gramática.
Lo viera crecer todo de nuevo, arder
hasta el infinito
las dendritas.
Muriera de este amor,
para renacer en el Otro.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
LA SIRENA Y EL MAR ( Alegoría )

Toda la noche llevo esperando que se abra el mar
y que salgas con los senos encendidos,
bañada de espumas y gaviotas, con tu cola de pez
y un delfín en cada glúteo.
Como espera el ciego la aurora,
con sus tiernas manos, rosadas y pedigüenas,
las arenas se arrodillan ante este nuevo signo.
Los peldaños serán de otra forma, menos miserable,
y las angustias, ¡todas!
se disolverán en la miel de los acantilados.
Hasta Dios pondrá al día sus cartas de navegaciones;
otro será el contenido de las botellas de vino.
La luz, encerrada en el pequeño relámpago del vibrator,
llegará para campanear las oscuridades de cada convento,
transformando las dudas del rezo en mariposas de papel.
Y cuando tú salgas, estará completa la fiesta de todos.
Habrán arado ya el mar los laboriosos coleópteros
y el pan brotará desde las espumas en suficiente cantidad.
Otros ordeñarán las nubes
y los demás espigarán las duras cercas en que tropezaba la propiedad.
Faltarán bocas para comérselo todo
y el hambre y la peste se retirarán a los últimos cuarteles del infinito.
¡He aquí que los Libros están vivos,
como fueron pensados!
¡He aquí que las palabras se yerguen como los héroes
desde sus tumbas ilustres!
Que la desnudez ya no es amarga. Nunca lo fue en verdad.
El toque del clarín será cuando tú salgas del mar,
cuando el mar brote con tus senos encendidos, con tu cola de pez
y reparta sus aromas de mujer legendaria,
fecundando de nuevo el mundo.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
LA EDAD DEL HIELO

Yo martillaba los números de un pariente mío
con los abundantes años de mi apellido y la escasa edad de mi talento.
¿Cómo convencerlo de que el mundo tiene otras orillas
y es más ancho y más libre que el país del cálculo.
De que hay otras cosas a la vuelta de la rígida pared del Debe y el Haber?
Lo mismo me pasaba con una amiga loca
por los gatos y los perros,
para quien el horizonte limitaba con los muebles de la casa,
o, en todo caso, no llegaba más allá del parachoques de su automóvil
y de la odiosa tabla de planchar. Tableteo del domingo.
En ese tiempo se me veía remendado de ilusiones,
delgado como una espiga, primorosamente teñido de mis canas,
regalado a quien me quisiera en mis versos.
Y además debía de enseñarles estas cosas de la vida a ellos,
a ellos que ya eran suficientemente grandes y viejos y llenos de mañas.
Yo tenía que explicarles por qué arden las estrellas.
Tenía que ser, además de poeta pobre, dibujante y astrofísico filosófico,
y esperar para mí que la aurora produjera sus milagros,
siempre en beneficio de mi soledad.
No soy hábil con el martillo,
aunque fui capaz de construir una casa,
naturalmente que para perderla,
para desprenderme, como si fuera un mal congénito, de ella,
entre otras no menores urgencias.
Me encontraréis podando rostros en el jardín de los hechos,
cuando la mañana, a su vez, me abandona.
Cansancio. Cansancio de ser.
No he visto más que cadáveres entre los vivos, cuando voy de aquí para allá,
y cuando vuelvo cargando penosamente mis causas.
El mundo ya visto por ti, amor, se torna más bello,
pero cierras muy seguido los ojos.
Me despides siempre cuatro cuadras antes del final.
Tú declaras los eclipses anticipándote a los astrónomos,
cuando duermes para ti en el último salón de tu casa.
Si te murieras, interrumpiendo mi corazón con tu chorro de arena caliente,
volvería la Edad del Hielo.
Los animalitos domésticos compartirían con los dinosaurios sus juegos sangrientos.
Todo esto lo veo claramente,
celebrando el triunfo de mis últimos cigarros
en el rebote vacío de la lata de café,
redondamente, deslumbrantemente lúcido de pavor como una luna llena.
Veo cómo se propagan los grandes helechos.
El cielo se vuelve más azul.
Cómo mi reloj empequeñece en mi pulso, hasta desaparecer
y cómo los martillazos contra los números de ese pariente
se acompasan a los latidos, a los brillos del parachoques de los autos,
debajo de tu blusa, en la oquedad donde duermes,
hasta que empiezan a arder mis costuras,
hasta que comienzan a crepitar mis sinergias,
y las grandes masas que nos enfrentan son como una multitud detenida,
con esos ojos, con esos gestos ignorantes, anónimos,
que pasaron de largo ante nuestra historia.
...Y los hielos avanzan a reclamar mi cadáver. Unica pertenencia.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
FELIZ CUMPLEAÑOS

Desde que se inauguró el cielo y alguien encendió las estrellas
que estoy esperando que se cante el Feliz Cumpleaños.
O, tal vez, me equivoque y todavía no llega nadie al velatorio.
Este silencio enorme es más colosal
que el de todos los estadios juntos después de la derrota.
A lo mejor son los preparativos para cuando yo muera.
Y ayer fuiste a cambiarte de traje.
Ayer recordaste tus garras y tu guadaña.
Tu verdadera misión en este mundo.
Tu cuerpo humano ensayó una disculpa.
Me hablaste algo del cansancio, de un nuevo dolor,
del sueño, de un reposo.
Que tú seas la Muerte y no la Vida. ¿Por qué no?
Aun a más de ochenta kilómetros del mar, los árboles luchan contra las olas.
Las calles están cargadas de sal. Y el viento picoteado de gaviotas playeras.
Es la misma lejanía a mi infancia. Sólo que ahora con los huesos al revés.
En actitud de recogida.
Con ángeles revoloteando a mi alrededor. Y estrellas que no se deciden si a cantar o a llorar.
Mis viejas neuronas que no dan con tu evasiva.
Mis piernas agotadas que no alcanzan a saltar el muro
de tu franca retirada. Y en vez de acudir a mí mi madre, huye.
Derrama sus sonrisas en una galaxia infinita
al final del corredor familiar,
lejos del dormitorio de los niños, del comedor de todos, tan pronto me desprendo del cordón umbilical.
Me hubieran dado un abrazo como un paracaídas.
Un beso con sabor a todo.
Y enseñádome a rezar con un golpecito de Dios mismo en las espaldas.
Pero no. Sólo me plantaron ante este enorme silencio.
Esta butaca de tribuna para el pleito final.
Y no sé si el partido terminó o todavía no comienza.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo responsabilidad del mismo.
AGUAS ORALES

Cierta flor es la cabeza de un suicida reventada de plomos.
Tal graznido de pájaro, el temblor fibroso del vidrio.
Las elevaciones de unas manos se estratifican como nubes o arden como sapos.
Las peluquerías tienen olor a caballo mojado,
a los astros quemándose en los altares de la lejanía.
Y todavía el amarillo del canario preso en los balones de gas.
Las angustias de algunos bolsillos latiendo en las sienes del hambre.
Del fondo de una noria, que nadie visita, nacen todas las traiciones
que luego subirán a gobernar el corazón.
Son elementos comunes: el viento, la oscuridad y el agua.
El filo de una espada y el salto de una pulga.
Una moneda de triste efigie, un pedacito de alambre.
Las horas que rechinan en los rieles de las maestranzas,
y también las bocas de los que duermen con frenillos.
La voz de la ausencia que reclama en los vacíos,
cuando las tablas recién cepilladas
no adquieren aun esa apariencia final que las vuelve célebres.
Viene el pintor a reunirlas en sus dedos sucios de cenizas.
Cosas tan diversas y que no se conocen entre sí,
como el caballo, la maestranza y la peluquería.
Como la moneda triste, la noria y el salto de la pulga,
el filo de la espada y el amarillo del balón de gas.
Como el canario y la cabeza estallada del suicida.
El pintor dibuja, diseña los límites, esquematiza todo en sus aguas orales,
como una madre que gime y un hijo que nace.
Un chasquido en la sombra, y luego la luz;
el temblor del vidrio que acelera la sangre.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
ESCRITOR INVITADO

MIGUEL MORALES FUENTES
Nacido en la localidad sureña de Capitán Pastene ( con fuerte presencia de la colonia italiana ) (1939 ). Autor de los poemarios Elegía y Regreso ( Santiago, 1966 ) y de El Herrero y su Noche ( con el auspicio de la Univ Católica del Norte, 1972 ). Fue cofundador del Grupo Tebaida de Arica y de la revista homónima ( que integraron, entre otros, Oliver Welden, Alicia Galaz, Guillermo Ross-Murray y Héctor Cordero ). En Santiago mantuvo las Ediciones Tebaida con siete títulos publicados. Ha sido incluido en la revista "Cormorán y Delfín", de Buenos Aires; en "Mundo Nuevo" ( revista francesa para América Latina ) y en "La Hoja Verde", dirigida por Raúl Mellado. Aparece en VISION DE LA POESIA CHILENA de la "Road Apple, Review" ( Nueva York, 1971 ) y en la muestra antológica de la literatura chilena JUNTEMONOS EN CHILE ( Santiago 1992 ). Sergio Gaytán lo incluye en su libro "14 Autores Nortinos" ( Antofagasta, 1993 ). Hemos cultivado una amistad de años con él, no sólo en los episodios ya pasados de Tebaida; también en la lucha gremial por darle a Antofagasta una Casa para la Cultura, lo que finalmente se logró con ayuda de los artistas de todas las expresiones. Tenemos pendiente un vino fraternal con Miguel. ¿Cuándo será? Cuando lo permitan nuestros respectivos arraigos y esta distancia, no espiritual, tan sólo kilométrica entre Osorno y la "Perla del Norte". ¡Ah, y que sea un tinto bien conversado! ¡Salud, por mientras, Miguel!
LINEA DE SOMBRA
Veo volar, como gaviotas
disueltas en espumas,
olas que sí, que anto,
que fa, olas que gastan.
Y el mar de Antofagasta me brinca,
como fauno, porque dice que sí,
que el roquerío, que el huevillo multi,
que el huevillo color en la resaca.
Esta vez ya no pienso en la distancia.
Sólo me queda el miro,
el anto, el mar de fa,
el mar que gasta.
Mi corazón no sufre,
ya no busco el amor.
-Soy un buey que camina por la playa-.
Y una ola me dice que sí, que sí,
que anto, que fa, que gasta, que
aun puedo amar en la resaca.
( Del tríptico "Lectura", Antofagasta, Septbre. 1993 )
MAPOCHO
Aprisionado lecho con arcos madrigueras.
Nieve blanca y helada que se tornó lantánica.
Rugidora corriente de sudores deshechos,
de pies atolondrados, del dolor del suburbio.
Yo te canto como si fueras bello
( río amargo y bohemio ).
Mapocho que saliste de las
más sueves brisas, para bajar
después y vestirte de harapos.
En la noche los astros te rehusan,
la luna queda presa en tus marcos de hierro.
( De su libro "Elegía y Regreso", Ediciones
Tebaida, Santiago de Chile, 1966 )
CUENTO PARA CAMI
Pedro sí que era un hombre raro.
Su rareza no estaba en su mirada
ni en su traje:
Cultivaba una chacra metálica
donde crecían rieles y engranajes.
Poseía un espantajo caradura,
hecho de flores frescas y verduras.
Una vez quiso variar su horticultura
y preguntó a su amigo, el espantajo:
¿Qué puedo sembrar con más ventura?
Y el espantajo dijo:
Trae semillas finas, que
te produzcan hermosas estructuras.
Así fue como hizo
un almácigo de clavos y tachuelas.
Fue creciendo un cebollino de remaches
que produjeron tomates de hojalata.
Pero el sueño de Pedro
era crear un bosque
de antenas gigantescas y alambradas.
Y ante el primer fracaso, prefirió plantar
un rebrote de chuzos y palancas,
que al correr de los días produjeron
una selva de faros y campanas.
( De su libro "El Herrero y su Noche", Edición patrocinada
por la Direcc. de Comunicaciones de la Univ. del Norte,
Antofagasta, 1972 )
CALAMAR

Me sumerjo en tinta cada noche para ser
ese tranquilo y hacedor animal que te prometí,
en paz contigo y con las palabras,
que apenas nos reconocen entre sus filas.
Me quedo atónito mirando la mitad del día
boca abajo,
los rayos de luz que se filtran pulsando mis botones,
buscando, tanteando en las costuras del hombre que fui.
Hay mucho movimiento e inquietud de fuegos;
muchas estrellas colapsando en una realidad cada vez más pequeña.
Y es difícil saber dónde está el enemigo,
no sólo cuando calla; sobre todo, cuando sonríe.
Cuando al darnos la última paletada de tierra,
lo hace como si nos echara sobre el lomo un abrigo.
Me sumerjo en la tinta para mantenerme puro,
así como los verbos huyen, dando gritos, de los adjetivos.
En esta gramática feroz con quien más me identifico
es con ese molusco llamado calamar.
Y entre todas las aguas, azules, saladas, desnudas, prefiero las profundas,
adonde no llegan los anzuelos ni las carnadas
ni las preguntas.
Mi regla es simple:
calamar que huye no acaba en la ensalada.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor
bajo la responsabilidad del mismo.
