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EL RIO MAGGIAR.

¿De qué me sirve este Danubio?
¿De qué le sirve a mi alma, pregunto,
este Danubio, no azul, sí lejano
y verde como una serpiente de jade?
Al niño húngaro le sirve para arrojar
monedas y piedras al agua y desnudarse
y, luego, volver a la escuela, rondar la fábrica,
imaginarse a su madre. Pero a mí,
esta mañana, entre papeles y desperdicios,
cuando he amanecido más grande
y me cuesta doblarme para pasar bajo los mapas,
me duele, corriendo por mi memoria, con sus gemidos.
Y duele con sus colinas llenas de catedrales,
con sus vitrinas sedientas, sus puentes metálicos,
sus barcazas repletas de turistas.
¡Qué ganas inmensas de sentir gaviotas,
de ver retozar en sus aguas a un lobo marino!
¡Pero nunca! El día allí es ecuánime, perfecto
en florines, a cien brazas del temblor,
a jornadas enteras de esta humanidad.
Maciza historia que devana la imaginación:
los museos, al aire libre. Sus muertos ilustres
viven a diario. ¡Trigo en los pedestales!
¡Tanta voz que se levanta en cada grúa!
¡Fuentes y gitanos, una misma cosa!
Una ciudad errante en cada café. ¡Orgullosos de su orgullo!
Nunca maldije tanto no hablar
ese idioma de sílabas asfixiantes.
La tuve conmigo, y no besé a una madre
en su frente. Vieja como una sabia rodilla.
Caminando la ciudad, pueblos enteros,
no hay nada que descubrir con esta ambigua cabeza.
Hay que descender a sus várices,
dejarse caer en sus miedos seculares,
trepar hasta su dura espiga y esquivar el mal.
Afuera, como en todas partes, venden
sonajeras, tarjetas al pasar, estrellas congeladas,
triste ropa de Taiwán...., reflejos del ser nacional.
El Danubio repercute hasta aquí,
sucio de paredes, ambicioso de ímpetus.
Es por ese afán, ese padrinazgo de los ríos,
ese oficio de sonar bisagras, como notarios de la tierra.
Humea en mi soledad y en mi silencio,
hace crujir sus botas,
dando un último relincho en sus escaparates
con olores a lozas y a libros,,,,y desaparece.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
TARDE DE AMOR Y DULCES.

Esta tarde canta Gardel
y será más dulce que nunca:
vendrás a tomar un café conmigo.
Luego, haremos el amor sobre el piso.
Pero son las 12. Y he salido
por las calles mojadas a acortar el día.
No he visto asomar ni tu nariz
desde el invernadero donde trabajas.
Tampoco encuentro una carta para mí
en el Correo.
Deben haberme borrado ya
de la lista de los míos, del listado de los vivos.
¡Qué importa!
Esta tarde de fuego absuelve
todos los errores, todos los horrores
...de los rencores y los olvidos.
Tú me quieres. Y voy llorando
de emoción por las calles: es el amor,
el café, los dulces; nosotros dos,
...y Gardel que canta su tango inolvidable.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
EL ESPANTAPAJAROS.

Al alargarse, tu sombra acuchilla la lejanía
como una daga bañada en sangre tinta.
Sé que mis ojos humanos siguen allí
donde vuelan los pájaros de cola amarilla.
No caen mis lágrimas como gotas de cera sobre tu imagen
sólo para no incendiar la floresta.
La latitud del mundo queda hecha desde ahora
del temblor de las sienes de la que se marcha
abonando su sombra sobre la tierra.
Y la longitud, la huella marcada por la mirada hospitalaria
del espantapájaros
que no pudo hacerte la señas del adiós.
Volverás una tarde para nacer de nuevo
en el bautismo de estas terceras aguas de la pasión.
Mientras tanto, yo devoraré todo lo que sea fijo y amargo,
para arrancarme esta dulzura mal enquistada.
Las sombras que giran más allá de mis brazos muertos como remolinos.
Mis ojos, dos botones grandes e impávidos.
Mi sonrisa, un trapo de otro color, cosido sobre el rostro
con alambres.
Y vase alargando tu alma, hasta desaparecer.
Hasta que en el retrato del recuerdo quedan
dos pequeños puntos negros, mínimos, como dos hormigas
que le pican a la pared, haciéndola reír.
Parece temblar como hojarasca mi corazón, hecho de paja.
Y caen unas lágrimas al fin
sobre el maquillaje de mi carne.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.l
ME ANDA BUSCANDO SU SOMBRERO.

Señor tan aburrido no se encuentra
ni en los Avisos Clasificados.
Te conquistò antes que sonara la campana.
Antes que se inventara el cuadrilàtero.
Cuando yo ni siquiera sabìa lo que eran los guantes de box.
Fue en los lejanos dìas cuando los hombres regalaban bombones.
En plena Edad del Diamante.
Y como ahora sabe
que ya perdiò todos sus encantos
( y que yo te echè encima mis dos ojos lànguidos ),
anda armado con una Smith & Wesson,
cal. 38.
El es todo un personaje equivocado
de una vieja pelìcula del Far West.
Autor: Juliàn Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo la responsabilidad del mismo.
CELADA DE LOS MIERCOLES.

En ese fondo de flores donde estás
las espinas cavan en la memoria,
el mar es como un monstruo en reversa
donde se ven pequeñas y ridículas mis rodillas
dobladas sobre ti.
Parece que leyeran las olas un mensaje
¿quién lo puso allí?
Tal vez, un hortelano cansado de la tierra.
Se ha secado el pozo excelso de los ojos.
Se viven presunciones inexactas.
Acercamientos de fuegos y de alas,
mariposas metálicas salidas de un taller.
En las orejas, pasadas a cigarro,
quedaron pendientes no pocos sueños.
Ahora los traga el ruido del mediodía
como el de un aserradero.
Resulta que la llama del amor es transparente
y quien busca quemarse en ella, debe calcular muy bien.
El peligro de caer en los miércoles es más que evidente,
y el de no volver a ver la luz.
La tierra tiembla de pavor en los puertos.
Y hasta el cielo, tan alto, con su pudridero de águilas
tiene el mentón en retirada.
Te desvaneces en el fulgor de las flores.
Siento desfilar los escuadrones de tus pétalos
que se van a alisar otra cabellera.
Y el cucharón es algo mortalmente pegajoso,
con un fondo oscuro de sarro y de cocinas.
Toda la mañana colándose por el corazón de un pajarillo
que trina en su frágil mandolina.
Esfuerzo tan grande del mar por recordar su empuje.
Las caricias sólo alcanzan para formar los acantilados.
Y yo no puedo sacar los pies de este estribo
en que se me ha enredado el alma a la hora.
Me seduce sin corazón y sin tablas,
arrastrándome hacia el olvido y los orígenes.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
