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DROMEDARIOS

Tengo una O perdida en el corazòn
menos mal que sin velas ni flores
Tengo una O sencilla
dactilogràfica
sin mayores complejidades de aguas tintas
entierro solitario en la pared del Este
me duele en los atardeceres compulsivos
tras el solazo de las frambuesas
y el cuentagotas de la soledad
muela que arde en fiebre
oh loco tragaluz de enero tus vidrios
tu ilusiòn colada la pared del sueño lìquido
el viaje que harìamos
y se ha postergado por enèsima vez
salièndole què callosidades a las matemàticas del amor
y una masa que paga fondeadero eterno en la dàrsena
casco vacìo a eso de las seis
todo un circo en la raìz que duele
innumerable payaso arrastra la marea
cuadrando la luna los cìrculos
borrando las pecas lo que se paga
digamos salud en bien de la mùsica mayor
Autor: Juliàn Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
ABEJAS SALITRALES EXPLOSIVAS.

Los arcos del próximo día
que me dieran el oro que esperaba desde niño:
la dinamita como una hornada de pan sobre la mesa,
y la pequeña, cifrada luz del explosivo,
celosa como una miel de sus propias abejas dormidas.
Crecieron las alas; esta vez, las mías,
y me lo recuerdo todo, sustantivo,
como un golpe artero en el rostro del Hombre.
El terrible agujero de lo que se debe.
Padre al linóleo, al relieve realzado,
con el olor de la sal de la playa, del salitre.
Y la grande locomotora que pasaba
a media cuadra de nuestras almohadas
de niños taltalinos...
y le poníamos tapitas de cerveza, pequeñas traiciones de piedra,
arrancando a escondernos de la inminente tragedia.
Se acabó ese día de cerro, de playa,
y lo que nos falta ahora,
no a todos en igual medida,
parece sobrarnos en la sed de los años.
Como los zancos, de pitas y de latas, sobran a los pasos;
como sobran las hambres a los dientes caninos.
Y el salitre sigue en la pared, la parietal azulosa,
aunque ha milenios
que ya cerraron la última salitrera del alma,
la que produce los sabores meridianos de la tierra.
Y se murieron las abejas en el pequeño jardín,
la casa toda,
y explosaron, amarillos, los años de la infancia.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo la esponsabilidad del mismo.
EL DOLOR Y EL SACAMUELAS

Construir escaleras sólidas de afectos
al interior de esa pieza dental infectada,
para que el dolor pueda, subiendo los peldaños,
sublimarse.
He pegado a Cristo en mi mejilla derecha,
porque el arquitecto, al equivocarse,
desplaza caracoles que caen en la oscuridad,
no llevando a ninguna parte.
Porque el dentista sale de vacaciones,
sin atender a nadie hasta marzo.
Hoy 14 de febrero está de aniversario el árbol de mi dolor
y trastabillan sus raíces en mis encías.
Me duele este sistema injusto, impostergable,
en que uno hace cola a la intemperie,
levantándose inútilmente a las cinco de la madrugada.
Atenderá apenas a cuatro pacientes el sacamuelas,
y, luego, ¿adónde? ¿A Miami?
Ya tiene anestesiadas sus valijas en el automóvil,
esperando la salida del avión.
Mientras él se marcha lejos,
mañana seguiré recogiendo frutas.
Los papeles se caen por un agujero de la mesa,
donde también gotea.
Los nervios, alterados, se asoman a mi edad.
Brillan bajo el pelo reteñido mis canas. No engaño a nadie.
Estoy varado en casa a las nueve menos veinticinco,
como los carros oxidados en el patio de una vieja maestranza.
No sólo el corazón, sino todo el cuerpo flechado.
Soy la esperanza de pasado mañana.
El cadáver que resucitará en marzo.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
EL LOBO QUE VIVE EN MI.

El lobo que vive en mí y que no olvida
jamás su pedacito de selva
en la cuadrícula augusta de una baldosa
festonados viernes de sonrisa canícula
cuando vienes
te mordí muy fuerte los labios lo siento
córrete un poco para adentro animal
que todavía no llega san Francisco
y tampoco es hora de predicar
Me han dejado los humos acorralado
entre el aura celeste y la bocanada caliente
sólo de la memoria me deshago en este hartazgo de carne
aunque el cánido animal tiene otros recuerdos de sangre
de clavos que se desclavan desde lentas paredes inversas
y la edad que suda semestres cautivos de sombras
errantes globos nómades
virtuosísimos de tacto al sentarse
en el puro aire impuro de la tarde
Embolo de capucha café taza a taza bajando el líquido cuadrado
por tu rodilla rota que espesea en el fondo arácnido
un nudo no sé si griego o latino qué importa si lo deshago
tal vez demasiado pronto
tu cintura llena de cíngulos albares
contra la leche negra del amanecer desbocados de uñas
oh ángelus oh sempiterna luz que amarillea girasoles
oh alma mía cánida que se desangra como un hipérbaton
bajo la canícula calva de las sílabas silbantes
roto ya para siempre de todos mis dientes
magia única de los viernes y animal que suda singular
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
INSTRUCCIONES PARA EL BIEN BAILAR.

Es tan fácil bailar bien a condición
de que los pasos se independicen del cuerpo
de que la música se entregue fatalmente al ánimo
como las gargantas perdidas ya a las cimitarras
es decir a los corvos alfanjes ¿queda claro?
Ponga Ud cara de esclavo oriental
No tiene que ir tan lejos como a Persia
basta la africana Libia refiriéndome esta vez
al cafre país y no a esa hembra magnífica que mejor no me acuerdo
Tiene que haber desiertos a sus espaldas arenas muchísimas
ojalá sin rímel puras de viento abrasador y sílice rubia
igualmente una luna crepuscular ojalá
ah y córtese las uñas de los pies haga si quiere con ellas
una fría sopita de gazpacho
para reponerse mañana del estampido brutal de arcos bronces
y violines locos piense en las arañas tejiendo sus guaridas oscuras
cierre los ojos y déjese llevar por el bombeo de la sangre
sienta los muslos ( los de ella ) en la boca toda
y al revés
no hemos inventado nada para qué se asombra
yo les aseguro que es el mismo el sol de Karnak
que el que apenas calienta la sangre de los pingüinos
pero cuidado no se le vaya a pegar sus andanzas torpes cinematográficas
no hacemos ni historia ni filmografía al divertirnos
machos de tango en pecho en galeras antiguas
o rumberos salseros del Nilo es lo mismo
La música es una piedra con sienes plateadas o un pedazo de ala que sueña
elevarse o sacarse la cresta en el suelo
un diapasón contoneándose sobre el abismo filosofal
y si le vienen esas dudas de sexo si vacila agárrese
de las pechugas fibrosas de la mujer
que allí estará entre las líneas quebradas de los bemoles no lo dude
tan cierta e incierta como la proa de un buque
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
LEVIATAN.

Cuando yo anduve ciego de los ojos por la vida,
cayendo mucho, nunca callando, que no es lo mismo,
arrastraba sueños o empujaba ambiciones. Iba,
un cigarrito en el morral, un montón de cenizas.
Todo hombre encadenado a una mujer está perdido:
obsesionado por sus labios, su pelo, deriva,
un Leviatán en las aguas cada vez más oscuras.
De pronto, un día nos iluminaba con su luz.
Es Cristo, que se resiste cada vez a dejarnos.
...Pero siempre el cigarrito marcando la jornada!
¡Qué pedazo de luna llena y alta, encaramada!
Me arrojaba al suelo, al abrir la ventana, al soñar,
el calor muy denso del verano sobre las sábanas.
Ella, con su martirio y sus hijos, lejos; yo, solo:
cigarrito en el morral, pieza de alquiler barata,
la figura de un Leviatán pegada en la pared.
Todo el día inventando justificar mi pobre alma,
conversando con el único señor dentro de uno.
El amor de dos, flaco como un tenedor sin hambre,
rechaza las ideas que se ponen por delante.
Arriendo un par de ojos buenos, académicos, negros,
para que la mentira tenga un tono más parejo
en la pared brusca del Leviatán, del tenedor.
La amapola se deshace de tanta calor. Viene
por sobre el rumor de las hojas secas el invierno
galopando mi novela definitiva. Ultimo
capítulo. Beso, no sé si a la mujer o al monstruo.
Hay una cadena bajo la luz. Me ata, me desata.
Soy un faro único, escribiendo siempre versos blancos.
...Mi madre habrá de arrepentirse de haberme tenido.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
SOCIEDAD MUY ANONIMA.

Unos empujan mi poesía para allá;
otros, para acá.
Y tú, a vces, mi amor,
me dejas en la línea negra del ómnibus.
Suda como jalapa mi jaiba nortina
dentro del Quijote de esa mancha
que ni con cloro ni con perlina me he podido arrancar.
Lo que sé últimamente, es que tengo que producir
ojalá unos huevos cuadrados celestes, que se vendan
a buen precio en los museos, en el mercado.
Pero, ya ves, ni ese amigo internacional mío,
de tantas polvorientas calles tardes lentas,
me quiso ayudar en mis ayunos.
Me entra el pánico del primer capítulo de la sangre en que escribo.
Se me llenan de aire malsano los ventrículos
y en mis sopas acuarteladas de cada martes, se asoman
hasta las viejas momias del padre Le Paige.
Me desgasta y desgasta esa ciudad que ahora no vivo en ella
y me chañaralea la pálida distancia,
el pimiento incaico que llevo atado al rubor,
¡oh geiser helado en que estornuda la tarde!
Más liviano que nunca de mis llamas, de mis alpacas,
radiante la fibra védica, ventana acristianada sin mar,
sin embrague, lo veo todo, como el ojo redondo de Dios.
Sólo que tú insistes en dejarme sobre la línea negra del ómnibus.
Sólo que tengo que vender y venderme, y volver a vender en esta sociedad muy anónima
( recién lo descubro ),
para volver a ser.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
TU VOZ QUEMADA EN LAS PELUQUERIAS.

El silencio me pesa el doble en el bolsillo
por el teléfono atroz de tu ausencia.
Y eso que hice un curso rápido de hilos misteriosos
para entender la diplomacia con que se mueven las líneas.
Estoy rayado todo: la musculatura de mi camisa café,
los nervios que comandan mis vísceras,
el tinglado de las calles que se abren
como una rosa reseca a mis pies. Recién desembarcado de una lluvia plena.
Consulto con mi hígado, gestor de la madrugada,
y justo me da en el diente el alarido de las 12,
y se desnuda de su pajarita el día viernes.
Los interiores...¡qué vergüenza verde!
Al frente, un salón de automóviles dice que todo está en regla.
Los volantes nuevos como bruñidos almirantes,
el plástico que tiene un olor a golosinas,
los colores inmortales del Capitán Sol.
Mi razón viene de otro planeta; y el bolsillo se ensancha,
se profundiza con tu voz quemada,
como si te hubieras quedado dormida en una peluquería de barrio.
No me servirá tu espalda de sillones rígidos, concejales.
El viento abrirá una página al azar en el breviario de tus notas,
que a cada rato dicen que no.
De cuántos kilómetros de alto y de ancho está hecho tu silencio
que ya perfora mis sentidos.
¡Oh las arenas movedizas de tan pequeño mecanismo
que se traga el valle, la tarde entera!
El doblez amarillo de la página,
la curva inmediata de aquella serpiente. La ese del sí, que te cuesta tanto.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
SINOPSIS DEL CIEGO.

Que no te sorprenda la Verdad desnudo:
te arrancará los ojos para siempre
con su gran piedra impecable de lustre,
de inaugurada zapatería,
maleando las paredes de todo tu occidente.
Es posible. Sólo posible, repito, que tales
palabras tengan su tenaza precisa,
como si fueran esta tarde justamente
a arrancarle los dientes al Destino.
Pero la Verdad puede ser también un grumete
que se quedó amarrado a los húmedos palos
azotados por la niebla.
No lo explica bien la sinopsis del ciego,
el traquetear inocente del cojo.
...Y, entonces ¡oh camellos en bata, inoportunos!
todo sería como una función de cine barato,
cuando las sombras se apoderan de la platea
y no hay ya quien dirija la función del órgano que ve,
de la sangre que siente.
Sólo un celuloide humano y falso.
¡Y confiábamos tanto en el ojo colector!
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
CRUCIFICADO A LA MESA DEL PALADAR.

Crucificado a la mesa del paladar
por los ganglios hambrientos de esa tarde
me han disparado de todo
un café en la penumbra de los clavos amargos
luego dos botellones de cerveza fría
dándome en el apetito voraz con todas esas salsas blandas
Veinticinco millones de sensaciones verdes
como si mi esqueleto no tuviera
los dos codos articulados de metal pensante
y cae por la borda una reineta acuartelada en arroz
como un traje de novia
un puré soberano que sobra a las sobras amarillo como el carey
huyendo de sus pernos de aceite
Voy sacando cuenta de las muelas que me quedan
oh laborioso zapatero del barrio
y los calamorros de combate que mandé
a reparar al dentista
porque me mordían los tobillos sus lenguas incaicas
Zafarrancho en la cocina esofágica
por culpa de las plumas de la alegría que a veces se desatan
pájaro inclasificable
cuando te tengo vestida como un carnaval
y ya no importa qué muerdan mis hambres colectivas
que mañana sea martes o júpiter
con tal que sea
me alimenta el júbilo de otro paladar
el café con mesitas entre mis encías
la voladera de las sillas cuando te caes para acá
en plena profundidad de sienes
y salen garras de mis ganglios satisfechos
y hasta camellos se pasean entre las hormigas del barrio
oh laborioso zapatero oh oh oh tierno dentista
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
EL ORIGINAL,EL DOBLE.

Ése, el del espejo, no soy yo. Es otro,
y sólo se me parece,
porque cuando me voy, se queda allí,
flotando en el líquido amniótico.
No hay forma humana de tratar con él:
mueve los labios cuando le hablo, es cierto;
pero no me responde.
¿O acaso el sordo soy yo?
Será que sus murmullos inaudibles pertenecen
a la inmaterialidad del sueño o del cristal,
y, hechos de gotas inasibles,
no los resuelven ni la tristeza mía ni el valor.
Y, por lo mismo,
no llora él ni paga impuestos.
Trato de rozar su mano, que se evapora,
y siempre algo se interpone en la dureza del vacío,
aunque tibio y elástico.
¿No es lo mismo que sucede entre nosotros,
los originales? ¿O debo decir, los dobles?
Todo este techo sombrío, sin noche.
Esta ausencia irreverente de aire.
Esta hora que pesa mucho,
más que todos los minutos que contiene.
Dan ganas entonces de devolverlo todo
en el agujero sin fondo del espejo.
Pero ¿qué? ¿A quién, si ya no hay nadie,
y lo que se ve es el reverso de la misma pared?
Desorejado para siempre, el fantasma
me escucha en silencio y me presiente.
Continúa en mí, hasta que yo mismo he dejado de ser
...y entre los dos
se ha roto el cristal y el puente.
Autor: Julián Rojas.
Derechos Reservados de Autor bajo responsabilidad del mismo.
